La minoría cristiana en Pakistán ve en la ley antiblasfemia uno de los principales problemas de su comunidad en el país islámico y que no parece tener fecha de caducidad con el nuevo Gobierno de Imran Khan, que llegó a defender su vigencia durante la reciente campaña electoral.


En mente de todos está el caso de la cristiana Asia Bibi, madre de cinco hijos, que fue sentenciada a muerte en 2010 por supuestamente insultar al islam durante una discusión con otras mujeres en un pozo de agua.

“Mira (Asia Bibi). ¿Por qué el tribunal no se pronuncia? No hubo ninguna evidencia que probara lo que dijo y aún así se encuentra en prisión. Por ese tipo de cosas nos encontramos inseguros en Pakistán”, afirmó a Efe el padre Joseph Coutts, de 73 años, al que el pasado junio el papa Francisco nombró cardenal.

El arzobispo de la ciudad meridional de Karachi se convirtió así en el segundo cardenal en la historia de Pakistán, un país en el que el 96 % de sus 208 millones de habitantes son musulmanes, frente a los poco menos de 4 millones de cristianos.

En su primera vista como cardenal a la localidad de Rawalpindi, vecina a Islamabad, el cardenal fue recibido en la catedral de San Joseph por una lluvia de pétalos de rosa y música de tambores.

“Se trata realmente de una ley peligrosa”, subrayó el cardenal, seguro de que el Gobierno podría cambiarla si quisiera, ya que “la gente la ha usado de manera errónea desde que se introdujo”.

La blasfemia es una controvertida y peligrosa cuestión en Pakistán tras el endurecimiento de las leyes coloniales británicas en la década de 1980 que establecieron penas de muerte por este delito, aunque nadie ha sido ejecutado por ello.

Desde 1986, se han producido al menos 1.470 casos, la mitad de ellos contra miembros de las minorías religiosas que representan un 4 % de la población del país, según la Comisión Nacional para la Justicia y la Paz, un grupo de derechos humanos de la Conferencia de Arzobispos Católicos de Pakistán.

Además, al menos 53 personas relacionadas con casos de blasfemia, entre ellas acusados liberados por tribunales, abogados defensores o familiares de los supuestos blasfemos, han sido asesinados por turbas.

En el caso de Asia Bibi, su ejecución está suspendida desde mediados de 2015 por el Tribunal Supremo para estudiar el proceso.

“En la Constitución (de Pakistán) está escrito que todos los ciudadanos tienen igualdad de derechos, pero existe discriminación. Lo escrito en la Constitución es una cosa y lo que sucede en la realidad es otra”, subrayó el cardenal.

El obispo de la diócesis de Islamabad y Rawalpindi, el padre Joseph Arshad, se mostró optimista ante las decenas de fieles que se congregaron para recibir la bendición del nuevo cardenal, al asegurar que ese nombramiento eleva el poder de disuasión de los cristianos ante los políticos para luchar por sus “derechos”.

Sin embargo, la situación no parece demasiado alentadora para esta minoría, ya que a la cabeza del nuevo Gobierno paquistaní tras las comicios del pasado julio está Imran Khan, un ex playboy transformado en político conservador que llegó a defender la ley contra la blasfemia durante uno de sus mítines.

“La defenderemos”, sentenció Khan el pasado julio en Islamabad en relación a la ley, que contempla la cadena perpetua o pena de muerte para todo aquel que “mancille el nombre sagrado del profeta Mahoma”.

Durante la campaña electoral otros partidos políticos fueron incluso más contundentes en su defensa de la ley antiblasfemia.

Uno de ellos fue el Tehreek-e-Labbaik Pakistan (TLP), que hizo campaña con la promesa de aplicar una ley que grupos de derechos humanos denuncian que se usa como arma contra las minorías para resolver asuntos personales o en busca de beneficios.

El presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán, Mehdi Hassan, fue rotundo al afirmar que con el nuevo Gobierno nada cambiará en lo que respecta a los derechos de las minorías.

“Pakistán no es un país democrático, sino religioso. Cuando hay un país religioso, la religión principal domina y la gente de otras religiones son tratados como ciudadanos de segunda y tercera clase”, señaló a Efe Hassan, quien atacó directamente al Ejecutivo.

“Imran Khan es también una persona religiosa, no es un demócrata, ¿así que cómo va a resolver los problemas a los que se enfrentan las minorías desde hace décadas?”, se preguntó.

Fuente: EFE