La nueva película documental “Bosque en Llamas”, hablada en lengua aché, tiene la dirección y guión de Marcos Ybáñez, cámara y entrevistas de Melanio Pepangi, fotógrafo artístico aché y la edición de Derlis González, se estrenará durante el Encuentro de Escritores del Mercosur, que se llevará a cabo del 4 al 6 de octubre, en Puerto Yguazú, Argentina.


También se estrenará la película “La Última Gota”, sobre la problemática del Río Pilcomayo

 Una historia de dolor, muerte, ultrajes y secuestros. Filmada y relatada por los propios aché, aporta un valioso documental, que contiene testimonios de un tiempo de terror, del genocidio cometido en contra del pueblo Aché, en épocas de la dictadura militar, mantenido oculto e impune hasta hoy.

También estrenaremos en Puerto Yguazú, Argentina, la película “La Última Gota”, sobre la necesidad de preservar la soberanía del Río Pilcomayo. La novedad es que mostraremos las dos caras de la realidad, cuando el río desaparece, con el desvío de sus aguas, condenando a muerte a miles de yacarés, carpinchos, peces, la biodiversidad y cuando las aguas del río vuelven a regar de vida el Chaco, la zona de General Díaz. Con los guardianes de los yacarés y la vida del Pilcomayo logramos filmar con drones la fascinante llegada del río. La Dirección y el Guión de Marcos Ybáñez, cámaras y edición de Melanio Pepangi, tomas con drones de Marcelo Jesús Gómez, la producción de Lourdes Villalba y la post producción de Marcos Ernesto Ibáñez.

La historia del genocidio aché

El Río Pilcomayo da vida al Chaco

El llanto del urutaú en el bosque, parece un anuncio de muerte. El pájaro fantasma, hace de vigía misterioso en la copa de los árboles, donde se pega a los troncos y ramas en interminables abrazos que duran días, como si fuera la otra piel del árbol. Guardián invisible de los guaraníes en el monte, se oculta simulando, ser parte del árbol. Cuando los guaraníes no contactados lo escuchan llorar, es porque el mal ronda la aldea, como un mensajero de muerte, avisa con su canto la proximidad de alguna tragedia.

Revolotea el yryvu (buitre) en círculo en el monte, avisando que la muerte acecha la aldea. Se escuchan corridas, estampidas de pájaros y a los perros de caza aullando como lobos tras su presa. La cacería humana siembra el terror en la selva. Los últimos indígenas no contactados Aché Guayaquí corren por su vida desesperados.

En los ojos de los indígenas brilla el horror y el miedo, huyen asustados e intentan internarse en la profundidad de la selva.

El bosque arde en llamas. “Maten a los ratones, a las bestias malolientes”!, proferían a gritos dando órdenes los cazadores. La matanza tiñó de sangre la tierra, que alguna vez fue el Yvy Marãe’ỹ, la tierra sin mal. En nombre de la civilización, se consume otra matanza, como hace más de cinco siglos.

Los disparos rompen la quietud de la noche. Los animales huyen desesperados. Hasta el urutaú emprende vuelo llorando, huyendo por su vida. Los militares con sus soldados juegan a la guerra contra los indios, como los conquistadores españoles y portugueses imponiendo la “colonización blanca”, a sangre y fuego. Ahora eran los hijos de Colón y Américo jugando a la guerra, contra sus raíces, derramando su propia sangre.

La jauría de perros acorrala a los aché en el monte, trataban inútilmente de defender sus vidas con sus arcos y flechas, buscando sobrevivir en medio de la espesura del monte. Como en 1492 en 1959.

El ruido ensordecedor de los fusiles de los militares y el aullido de los perros, se confunde con los gritos de dolor de cientos de indios. Los viejos y los niños no podían correr de la muerte, se desploman en la tierra víctimas de los disparos de los cazadores, que dejaban a su paso un baño de sangre.

Los cazadores eran premiados con 300 a 500 pesos por la cabeza de cada Ache Guayakí que mataban. Era como cazar un animal, un yaguareté o un león. Sentados alrededor del fuego, fuimos atropellados por los paraguayos, que invadieron nuestro territorio con violencia, disparando sus armas de fuego y pegando a hombres, mujeres y niños con tejuruguái (karaiñe’ẽ: Látigo), un anciano tenía en brazos a su nieto, un paraguayo le exigió que le entregara la criatura, él no obedeció, sino más bien apretó al niño por su pecho y se echó al suelo, el paraguayo le disparó varios tiros, pero él seguía apretando al niño. Le cortaron los brazos para arrancarle la criatura. Le arrebataron la vida y a su nieto para venderlo en el mercado de esclavos.

De la tierra sin mal a la tierra del mal

Antonio Mbepegi, de Chupapou, Canindeyú, recuerda con nostalgia esos tiempos en que vivían libres en la selva, sin contacto con los blancos. Si no nos hubieran sacado con violencia del monte, aún estaríamos viviendo felices en el fondo del bosque. En la selva donde murieron nuestros abuelos. Hubiéramos estado mejor ahí. Nunca nos enfermábamos en el monte y vivíamos muy bien. Hasta los abuelos estaban muy bien de salud, casi nadie moría, porque nadie se enfermaba. Mi abuelo murió siendo muy anciano y ciego en el monte.

Pero un día llegaron hombres blancos armados, que se apoderaron de nuestras tierras, la selva, de nuestras vidas, para convertirnos en esclavos y desde ese día vivimos en la tierra del mal, conocemos las enfermedades, la muerte arrancada por la fuerza y la violencia.

Una noche estábamos durmiendo tranquilos en el monte, sentimos que se iluminaba la linterna hacia nosotros y empezaron a disparar mientras estábamos durmiendo. Los militares mataron a todos los hombres y mujeres Aché.

Con sus ojos que reflejan el dolor, ante el horror vivido, relata en medio de lágrimas “Los paraguayos entraron a nuestro monte y mataron a mi mamá y a mi abuelo, vi con dolor e impotencia sus cuerpos tirados en el suelo ensangrentados, con varias heridas de bala. Fue una experiencia trágica para mí. Los paraguayos ingresaron al monte con armas de fuego disparando a matar.

Antonio Mbepegi

Testimonios del horror vivido por los ache

Catalina Tykuarangi, siente escalofríos a la hora de recordar lo que le hicieron a su familia, relató con una voz que por momentos se les quiebra “mi papá se llamaba Vachugi, a él le mataron los paraguayos. Le dispararon y le descuartizaron en pedazos”

Oscar Mbetapegi, dijo “mi mamá se estaba yendo a traer agua para cocinar carne. Después escuchamos unos tiros cerca donde estaba mi mamá, había sido a ella le dispararon”.

Pascual Pirayugi, rememoró el terror que les tocó vivir en el monte, señaló “llevaba sobre mi hombro los cuerpos para enterrar, yo era el que siempre enterraba el cuerpo de los fallecidos”. Muchos achés murieron, casi todos los aché murieron”.

Damian Chachugi, fue uno de los niños indígenas secuestrados en la época de la dictadura. Con tristeza dice “cuando vivíamos en el monte y tenía cerca de 7 años me secuestraron los paraguayos. A mi mamá ellos la mataron. Mi abuela me quiso rescatar y ahí mismo le dispararon y falleció”.