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La abogada Lygia Jobim, hija de José Jobim exrepresentante de Brasil en el Paraguay, quien fuere asesinado a manos de la dictadura militar brasileña en 1979 cuando pretendía denunciar la sobrefacturación en la construcción de la represa Itaipú, habló para Radio Ñandutí del caso y de cómo el Estado brasileño tuvo que admitir el viernes pasado lo ocurrido hace décadas atrás.


“Para mí familia esto es un reconocimiento muy importante, siempre supimos que no era suicidio y finalmente tras 39 años de lucha el estado reconoce lo que pasó”, comenzó diciendo la hija del diplomático asesinado.

José Jobim que era el encargado del Tratado de Itaipú por el gobierno brasileño fue secuestrado, torturado y asesinado luego de revelar que estaba preparando sus memorias con detalles del escandaloso robo.

“Su cuerpo estaba tan golpeado que en el hospital no nos dejaron ver su cuerpo a mi madre y a mí. Se suicidó supuestamente, pero sus rodillas tocaban el suelo”, continuó diciendo Lygia Jobim.

La hija de Jobim comentó que cuando era diplomático jubilado su padre asistió a la toma de mando del General João Baptista Figueiredo como nuevo presidente de Brasil. “Comentó que estaba escribiendo sus memorias y que iba a dar a conocer la corrupción en la construcción de Itaipú”, rememoró Lygia.

El 22 de marzo el diplomático salió y no regresó, su cuerpo fue hallado dos días después. Se catalogó como un suicidio sin investigación alguna, a pesar de que varios testigos como policías y médicos afirmaron que el cuerpo presentaba signos de tortura.

“En aquel momento no se llamaba Itaipú sino que era 7 quedas o las 7 caídas porque aún estaban las cataratas. Mi padre acompañó la adquisición de las turbinas para la usina”, contó Lygia Jobim.

El precio inicial de la represa era de 1,3 mil millones de dólares, pero tras el golpe militar de 1964 en Brasil, aumentó a 13 mil millones de dólares (10 veces más).

El gobierno de Stroessner había planteado aumentar el costo del proyecto un 23% pero el vecino país quería que la sobrefacturación sea del 46%, para que cada parte se quedara con la mitad del sobrecosto.

“Iban a comprar las turbinas de la Unión Soviética, el deja el Paraguay y lo mandan a Colombia pero siempre mantenía contacto con sus amigos que le hablaban de sobornos y sobrecostos”, argumentó Jobim, lo que comprueba que detrás de la construcción de Itaipú existieron grandes irregularidades y personas que se enriquecieron tanto del lado brasileño como del lado paraguayo durante el régimen stronista.