En medio de la escalada de la violencia en Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro, favorito a vencer las elecciones presidenciales del domingo, promete mano dura contra la delincuencia y defiende una política más agresiva en la lucha contra el crimen en un país que el mismo ha descrito como "en guerra".


 

“Prefiero una cárcel repleta de bandidos a un cementerio lleno de inocentes”, afirmó recientemente en una entrevista el capitán de la reserva del Ejército.

El abanderado del Partido Social Liberal (PSL) ha situado la seguridad pública en el centro de su agenda en un momento en el que la violencia, junto a la salud, se ha convertido en la principal preocupación de los brasileños, según un encuesta publicada el pasado mes por el instituto Datafolha.

Para levantar su bandera, Bolsonaro se ha apoyado en las estadísticas: Brasil alcanzó el año pasado un récord histórico de 63.880 homicidios, una media de 175 por día, lo que convierte al país suramericano en una de las diez naciones más violentas del mundo, según datos de la ong Fórum Brasileño de Seguridad Pública.

“¡La seguridad es nuestra prioridad. ¡Es urgente! El pueblo necesita trabajos, quiere educación, pero eso no tiene sentido si siguen siendo atracados de camino a sus trabajos. No tiene sentido si el narcotráfico se mantiene en las puertas de las escuelas”, alertó Bolsonaro en un mensaje en Twitter.

El aspirante ultraderechista ha asociado el aumento de la violencia en Brasil con la creación en la década de los noventa del Foro de Sao Paulo, integrado por las izquierdas latinoamericanas, y su receta para combatir la criminalidad va desde la legalización de la venta de armas a civiles hasta la inmunidad para los policías en servicio.

“Si un policía mata a diez, quince o veinte (delincuentes) con diez o treinta tiros a cada uno tiene que ser condecorado y no procesado”, dijo el polémico candidato, quien planea también usar a las fuerzas armadas para patrullajes de rutina en las calles.

Su rival en las urnas, el progresista Fernando Haddad, ha denunciado en reiteradas ocasiones el “discurso de violencia” de Bolsonaro y ha advertido que si el ultraderechista llega al poder convertirá a Brasil en “un país de milicianos” como ocurre, según señaló, en Filipinas bajo el mandato de Rodrigo Duterte.

Considerado por muchos como el “Trump Sudamericano”, Bolsonaro también apuesta por detener a delincuentes y “dejarlos presos”; ofrece acabar con la progresión de las penas y defiende la reducción de responsabilidad penal de 18 a 16 años, mientras carga contra el “activismo” y la “cultura de los derechos humanos”.

“Transformando la cultura de defensa de los derechos humanos, que defiende solo el derecho de quien no debían tener tal representatividad excesiva, iniciaremos el verdadero desarrollo social y económico en el país”, afirmó hoy Bolsonaro en Twitter, su principal herramienta de campaña después de sufrir una puñalada el pasado 6 de septiembre en un mitin que le ha mantenido alejado de las calles.

Con alrededor de un 60 % de intención de voto, el militar considera que el hacinamiento en los presidios en Brasil, país que cuenta con la tercera mayor población carcelaria del mundo, es un “problema de quien cometió el crimen” y propone la castración química voluntaria para reducir la pena de los condenados por violación.

El objetivo del legislador en materia de seguridad, según afirmó recientemente, es “conseguir un Brasil similar a aquel que teníamos hace 50, o 40 años atrás”, cuando el país se encontraba en el ápice de su dictadura militar (1964-1985). EFE