El exmandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva cumplió hoy 200 días en prisión en el más absoluto silencio frente a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del domingo, en la que se medirán su heredero político, Fernando Haddad, y el ultraderechista Jair Bolsonaro, líder en los sondeos.


Lula se encuentra recluido desde el pasado 7 de abril en una sede policial en la ciudad de Curitiba, en el sur de Brasil, donde purga una condena de 12 años y 1 mes por corrupción pasiva y lavado de dinero.

A pesar de estar entre rejas, el Partido de los Trabajadores (PT), que el expresidente fundó en 1980, le registró como candidato para las presidenciales, aupado por el enorme apoyo, de casi el 40 %, que le atribuían los sondeos electorales de la época.

Sin embargo, el extornero mecánico fue inhabilitado y su candidatura vetada por el Tribunal Superior Electoral con base en normas que prohíben expresamente que condenados en segunda instancia, como en su caso, se puedan presentar a cargos electivos.

Lula intentó hasta el último suspiro múltiples recursos en la Justicia, pero todos le fueron negados, lo que le obligó a desistir de su candidatura y nombrar como sucesor a Haddad, quien ejerció como ministro de Educación durante sus gobiernos.

Ese traspaso solo ocurrió el pasado 11 de septiembre y a partir de ahí el expresidente (2003-2010), quien a pesar de su ingreso en prisión siguió en la primera línea de la actualidad política, recibió las visitas semanales de su “heredero” para planificar la campaña.

El PT adoptó como estrategia para la primera vuelta de las elecciones el lema “Lula es Haddad, Haddad es Lula” y se valió de la popularidad y la imagen de su líder para impulsar la candidatura del que fuera alcalde de Sao Paulo entre 2013 y 2016.

Haddad consiguió absorber parte de esas simpatías y acceder a la segunda vuelta de los comicios tras conseguir un 29 % de los votos en el primer embate electoral del pasado día 7, aunque lejos del 46 % que obtuvo Bolsonaro.

Al día siguiente Haddad visitó a Lula en prisión para informarle de lo sucedido y esa fue la última vez que los dos se encontraron personalmente.

Desde entonces, el exjefe de Estado no se ha pronunciado, ni a través de sus “recados” escritos desde su celda, como hizo activamente durante la primera parte de la campaña, ni en redes sociales mediante sus asesores.

En paralelo, la campaña de Haddad cambió su lema a “Un Brasil para todos” y redujo el predominante color rojo por el azul, verde y amarillo de la bandera del país y que también ha usado Bolsonaro desde que se lanzó a la carrera presidencial.

Sin embargo, ese cambio de imagen no ha terminado de dar a Haddad el impulso necesario para acercarse en las encuestas al polémico capitán en la reserva del Ejército.

Según una encuesta divulgada este lunes por la firma MDA, Bolsonaro, un nostálgico de la dictadura militar (1964-1985) se convertirá en el nuevo presidente de Brasil con un 57 % de los votos válidos, frente al 43 % que conseguiría Haddad, quien aun confía en la remontada a cinco días de las elecciones. EFE