El músico argentino Andrés Calamaro vuelve a las raíces del rock y recupera los solos de guitarra en "Cargar la suerte", su decimoquinto álbum de estudio en solitario, con un título muy taurino, aunque espera no ofender la sensibilidad de los aficionados a los toros, dice a Efe en una entrevista.


El disco, a la venta desde el viernes próximo, es un compendio de doce cortes que Calamaro (Buenos Aires, 1961) ha grabado durante cuatro días en un estudio de Los Ángeles (EEUU), donde ha podido volver a la “vieja escuela” y reunir hasta diez músicos en una sala de grabación.

“Estaba pensando en un título para el disco. “Cargar la suerte” no es el título de ninguna de las canciones, ni es una frase que yo cante en ningún momento del disco”, explica el cantante, que añade que, metafóricamente, la expresión sería “como un símil de los aromas de lo auténtico, de la verdad, de torear con el toro cerca”.

“Espero no ofender la sensibilidad de los aficionados taurinos, sino todo lo contrario. Es posible que los ‘haters’ de las corridas de toros reaccionen frente a este título, como es probable que no se enteren de nada también. Pero tengo curiosidad por saber cómo resulta este título a la comunidad de aficionados a la tauromaquia”, señala.

Añade que “Cargar la suerte” tampoco entraña “ningún mensaje con doble intención para los toreros”, que, “por supuesto”, dice, son sus “amigos”.

“No es un desafío, ni tampoco estoy queriendo decir que mi disco sea la expresión de pureza y de valor más acabada, ni las esencias de tradiciones que se pierden con el tiempo, pero probablemente algo de esto también haya”, continúa Calamaro.

También responde a lo que podría llamarse “vieja escuela”, y quizá haya algo de eso, de las tradiciones, por la forma en que grabó el que se ha convertido en su décimo quinto álbum de estudio en solitario, añade.

“Para grabar en cuatro días se aconsejan una serie de cosas. Los músicos tienen que tocar bien, con sangre fría y caliente al mismo tiempo. Tocar con generosidad, con seguridad, con inspiración, con sonido. Hay que poder grabar a una serie de cinco, nueve o diez músicos, todos a la vez. No cualquier estudio está preparado”, apunta.

Grabado con la “crema de California” en los estudios Sphere de Burbank, “Cargar la suerte” presta especial atención a las guitarras, que empuñan Mark Goldenberg y Rich Hinman (este también al “pedal steel”).

“Lo que este disco recupera es la guitarra solista, no solamente la guitarra para acompañar un tirón de letra, sino una pausa en el canto para la guitarra solista, el punteo. Me parece que dentro del rock and roll y dentro de las canciones de rock el solo de guitarra es un momento creativo”, explica el argentino.

Deliberadamente, quiso recuperar para “Cargar la suerte” esos momentos: “La estrategia de este disco comprende la guitarra solista, los solos de guitarra. De las doce canciones del disco, yo supongo que nueve o diez tienen intervenciones solistas de los compañeros músicos”.

“Creo que es un disco apropiado para una persona 20 años después de haber grabado discos e incluso 40 años después de mis primeros intentos como aspirante a músico. No cuentan mis primeras experiencias adolescentes con la música, porque era un aspirante a músico, ni siquiera era un aspirante a cantautor o artista de rock”, comenta.

Fue en 1978 cuando grabó su primer álbum como teclista del grupo Raíces, al que seguiría su etapa en Los Abuelos de la Nada, un primer flirteo como solista y la edad de oro en Los Rodríguez, antes de volver a debutar a solas con “Alta suciedad” (1997) y “Honestidad brutal” (1999).

“Al principio, lo que yo quería era ser como el escudero de algún buen don Quijote de la música, y lo logré en mis primeros años”, sostiene Calamaro, que se define como un cantante “de laboratorio” que se convirtió en vocalista de forma tardía. EFE