El caso conmocionó a la ciudadanía tras las publicaciones en las redes sociales. Pero Rubia y sus bebés encontraron ayuda en Andrea Bentrón, de Animal Lover PY y el personal del Parque Ñu Guasu, quienes a pesar de que no se admite la presencia de mascotas en el lugar, dieron refugio y alimento a los ocho peludos.


Rubia se refugió en la primera entrada del Parque. Bajo la escalera hizo un hueco inaccesible para las personas, ocultando a sus cachorros del peligro, ya que en el lugar también habitan tejus y comadrejas que podrían atacar a los bebés, o al menos esa era una de las posibles respuestas a esta situación.

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Esta es una historia con final feliz, como dice el título. Rubia será esterilizada y ya tiene una familia que la espera para adoptarla cuando esté recuperada. Los siete cachorritos también ya fueron adoptados: de un hueco-refugio a nuevos hogares, gracias al amor y la bondad de sus rescatistas.

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