La noche de la Candelaria, gran parte del pueblo paraguayo festejó en las calles la caída del dictador, a quien por cierto nadie defendió ni con una hondita. Sus allegados, favorecidos y enriquecidos con su tenebrosa amistad, vieron esa noche con horror la libertad popular recuperada.


Opinión de Rafaela Guanes de Laino (Presidenta Fundación Manuel Gondra)

Por Rafaela Guanes de LainoPresidenta de la Fundación Manuel Gondra

A días de conmemorarse el 30 aniversario de ese hecho, el fungido Presidente no tuvo la inteligencia ni la grandeza de estar a la altura de lo que el destino puso en su camino. Luego de una grotesca carcajada, agregó en tono de burla y entre risas, que para él, la fecha significaba “el aniversario de Ciudad del Este”, adonde iría para los festejos. Basta recordar que esa ciudad llevaba por nombre Ciudad Presidente Stroessner en momentos de su fundación.

Escuché y leí sobre la ofensa que semejante desatino significó para los demócratas, los perseguidos, familiares de víctimas y el pueblo decente en general. Miré varias veces la imagen y solo logré ver al desteñido hijo de un exjerarca stronista, sentado en el sillón presidencial a golpe de fraude e incapaz de unificar siquiera a su propio partido político, en el esplendor de su mediocridad e intentando sin éxito reparar su desastre.

Para bien o para mal, lo que mostró con claridad es que no le da la carrocería intelectual ni política para dirigir los destinos de una nación que precisa erradicar la corrupción y caminar hacia el desarrollo de todos con unidad. En un aniversario más, de un hecho grabado en sangre en nuestra historia reciente… El hombre solo atinó a pegar una carcajada y mandarse mudar. Patético.

Por cierto, no me extrañó ni molestó. Ofende quien puede… No quien quiere.

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