No usar más de lo necesario y pensar en las futuras generaciones son dos "principios" de los pueblos nativos que la activista indígena filipina Joan Carling defiende "exportar al resto del mundo" para frenar el cambio climático.


“También los métodos que usamos son importantes, pero para mí tiene que ver más con los valores: nosotros usamos los recursos en base a nuestras necesidades y creemos que no hay que abusar porque las generaciones futuras también deben poder hacer uso de los recursos”, sostiene esta activista en una entrevista con Efe en Roma.

Carling participa en el Foro de los Pueblos Indígenas que se celebra en la sede del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) de la ONU, y que en esta edición busca estrategias para mitigar los efectos del cambio climático aprovechando los conocimientos de las comunidades indígenas.

Pone como ejemplo el uso de plantas para fabricar medicinas: “Si las usamos, está bien, pero tenemos que asegurar que no las acabemos y que las plantas sigan creciendo”, señala.

Los pueblos indígenas custodian más del 80% de la biodiversidad mundial y su estrecha relación con el medio ambiente los sitúa en una “posición única” para detener el cambio climático, uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad.

“Nosotros ya lo estamos haciendo. El planeta es parte de nuestra vida. Los pueblos indígenas tenemos la huella ecológica más baja del planeta gracias a nuestro modo de vida simple. Ya estamos dando soluciones contra el cambio climático”, sentencia Carling, que traslada a los países industrializados “la obligación de proporcionar el apoyo necesario para detenerlo”.

Esta líder indígena, que lleva más de 20 años trabajando por el derecho a la tierra y otros asuntos que afectan a su comunidad, ve con preocupación el “peligro” con el que viven los indígenas.

“La mayoría de recursos naturales están en nuestros territorios y hay muchos intereses de gobiernos y empresas que manejan este sistema insostenible de desarrollo y producción, que quieren estos recursos para usarlos en su propio beneficio”, denuncia la que fue secretaria general del Pacto de los Pueblos Indígenas de Asia.

Carling urge “cambios estructurales” para que “los negocios de las corporaciones no gobiernen el mundo”: “Si no cambiamos las dinámicas del poder, aseguramos que es la gente quien toma las decisiones y quien guía el desarrollo sostenible, las cosas seguirán sucediendo como suceden, sin que importen ni las personas ni el planeta”.

Asegura que estas corporaciones que quieren “explotar los recursos naturales” presentan a los activistas indígenas como “subdesarrollados, terroristas y criminales”.

De hecho, ella misma fue acusada en 2018 de terrorismo por el Gobierno de Filipinas, una causa que “por suerte” se acabó archivando.

Pero los asesinatos, apunta, continúan. “Dos líderes indígenas fueron asesinados recientemente por los militares porque estaban protestando contra la explotación de minas. No puedo contener la rabia y el sentimiento de injusticia”, lamenta con indignación.

Por eso exige que los pueblos indígenas sean vistos “finalmente” como “seres humanos, con dignidad que protegen el medio ambiente y que contribuyen al desarrollo sostenible” y que se deje atrás la mirada “racista y discriminatoria que ha imperado hasta hoy”.

“Solo porque vivimos vidas simples se nos presenta como menos humanos”, añade.

Carling, que procede de la región filipina de La Cordillera, sopla con rabia al ser preguntada por el presidente Rodrigo Duterte y su guerra contra las drogas.

“Es un crimen contra la humanidad”, afirma tajante, en relación a los muertos en redadas policiales que el Gobierno filipino cifró hasta septiembre en 4.989 pero que varias organizaciones -también Carling- como Human Rights Watch o Amnistía Internacional, elevan a 15.000 y 20.000.

“Más de 20.000 personas han sido asesinadas en nombre de las drogas y la mayoría son simples sospechosos, sin pruebas. Es una violación fundamental de los Derechos Humanos”, sostiene la activista, que pide a los Estados que lo denuncien.

“Si la comunidad internacional tolera este comportamiento del Gobierno filipino terminaremos en manos de gobiernos tiranos, que usan el poder del Estado hacia gente inocente”, afirma Carling.

Lo único que le reconforta es haber recibido recientemente el prestigioso premio Campeones de la Tierra, que otorga la ONU como reconocimiento a la vida profesional y que Carling recibió como un galardón “colectivo”.

“Fue una sorpresa muy gratificante, pero yo no lo veo como un premio para mi, sino como un reconocimiento a todos los defensores del medio ambiente del mundo que, como mínimo, nos brinda esperanza y fuerza”, concluye la activista indígena.

EFE

Compartí: