La narración descarnada y sin adjetivos, que deja aflorar "en toda su potencia" la "crueldad" de la dictadura en Paraguay de Alfredo Stroessner (1954-1989), es la clave del éxito del libro "El último supremo: la crónica de Alfredo Stroessner", del escritor Bernardo Neri, que este mes lanzó su quinta edición.


El “atractivo del personaje” propició que los editores decidieran arriesgarse a sacar al mercado dos primeras ediciones de 2.000 ejemplares y las sucesivas de un millar, una proeza en un país en el que “si vendes 300 o 500 ejemplares de un libro, sos un bestseller”, confesó a Efe el escritor, de 67 años.

El lanzamiento de la quinta edición, 16 años después de la primera, coincidió este mes con el 30 aniversario del golpe de Estado que terminó con el régimen de Stroessner.

Esa vigencia temporal se debe, según opinó Neri, al relato formulado como una “crónica periodística”, desprovista de adjetivos y “juicios de valor” que le permitió, a través de la “presentación fría de los hechos” aflorar la crueldad, “en toda su potencia”, del régimen de Stroessner, que dejó 425 desaparecidos o ejecutados.

De ellos, sólo se han recuperado 37 cuerpos hasta la fecha, e identificado a 4 de las víctimas de una dictadura que detuvo a casi 20.000 personas, que en su mayoría fueron torturadas, según los datos de que dispone la Comisión de Verdad y Justicia.

El libro, fabricado con documentos y testimonios recogidos por Neri durante dos décadas, gracias en parte a su trabajo como periodista, conforma una imagen contextualizada de Stroessner y su régimen, que no estaba basado en una “ideología, sino en un modo de gobernar”, según el autor.

Explicó que Stroessner necesitó “un sustento” para permanecer en el poder durante 35 años, en la que fue la dictadura más larga de Sudamérica, que además obligó a casi 21.000 paraguayos a exiliarse.

Ese “sustento” estaba conformado por un “entorno que lo rodeó y que se benefició” de un “sistema de complicidades” y de “corrupción sistémica”, que Stroessner protegía y que suponían su “reaseguro”.

La extracción militar de Stroessner también influyó en su forma de dirigir el país, al que concebía, según el escritor, como un “gran cuartel” del que él era el “organizador”, al que todos debían obedecer.

Contó que creó un Estado policial que le permitía “saber todo” de casi todo el mundo, gracias a los “pyrague” (palabra guaraní que servía para definir a los delatores).

Su investigación le llevó a extraer algunos aspectos de la personalidad de Stroessner, al que define como “un hombre muy solitario”, al que apenas le quedaban amigos de su juventud, y que “tenía un sentido del poder muy cuadrado”.

Ese sistema de complicidades y corrupción que describe el libro, “no se desmanteló” con la caída del régimen en 1989, porque “le convenía a lo que vino después”, en referencia al Partido Colorado, al que pertenecía Stroessner y que purgó durante su régimen, indicó.

La formación “quiso seguir en el poder”, explicó, “y tenía la idea de que para eso, tenía que seguir siendo motor de esa corrupción sistémica”, que también ha imbuido al resto de partidos, que Neri considera “meras cuevas de ladrones” que buscan el acceso a “la cosa pública y ahí robar”.

Otra de las herencias de ese sistema es la inexistencia de una “industria editorial” en el país, que hace que alcanzar cinco ediciones en un libro sea un logro de pocas obras que no sean libros de texto.

El escritor explicó que, el principal factor de esa falta de industria, es que el mercado interno “es muy pequeño”, minimizado porque el sistema educativo paraguayo “no promueve la lectura” y aún se mantiene un cierto “cuidado” hacia los libros y los intelectuales, a los que se percibe como “peligrosos”.

Ello, unido a que en términos literarios el país es una “isla”, ya que “no podemos exportar porque los grandes vecinos”, Argentina y Brasil, “tienen un sistema muy cerrado de circulación de libros”.

“El Mercosur cultural no existe y hasta tenemos problemas para llevar libros a la feria de Buenos Aires, porque te quieren cobrar aranceles”, criticó. EFE

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