El compositor argentino, Santiago Vázquez, hace de la improvisación musical un espectáculo. Su lenguaje del ritmo y la percusión con señas ha pasado de ser un juego de armonías a convertirse en un recurso educativo y terapéutico, en el que incluso jóvenes de barrios vulnerables encuentran contención.


Vázquez es un generador compulsivo de proyectos. Todo lo que toca se convierte en éxito. Lo hizo en 2006 cuando fundó “La bomba de tiempo”, el grupo de percusión más importante de Argentina, que cada lunes sigue sorprendiendo a más de 2.000 personas con sus compases improvisados sobre el escenario de la Ciudad Cultural Konex.

Sin embargo, cuando “La Bomba” estaba en lo más alto, Vázquez decidió dar un paso al costado: “Su dirección estaba ya muy marcada”, dijo en una conversación con Efe, “y yo necesito siempre seguir encontrando y creando, investigando nuevas formas, eso es lo que me motiva como músico”.

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