Maestro de periodistas, abanderado de las causas sociales y expulsado por la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), son algunos de los capítulos de la trayectoria en Paraguay del sacerdote español Francisco de Paula Oliva, que ayer jueves, con 91 años, recibió el homenaje del Senado por esa labor.


Nacido en la ciudad de Sevilla (España) y nacionalizado paraguayo, el jesuita fue agasajado por la Cámara Alta por los legisladores en un acto de reconocimiento que dijo aceptar en nombre del pueblo de Paraguay.

“Acepto esta distinción no por mérito propio sino en nombre del pueblo paraguayo. Él fue mi maestro y con él estoy buscando juntos una sociedad mejor”, dijo durante el jesuita durante su intervención ante los senadores.

El religioso, que sigue como periodista en los micrófonos de la emisora Fe y Alegría, tuvo también palabras de esperanza por un Paraguay mejor, sin desigualdades y con niveles de confort para toda la ciudadanía.

“Todos debieran tener, al menos, un trabajo decente para vivir. No quiero que nadie muera en el Paraguay antes de tiempo por falta de atención o medicamentos. Con tal de respetar al otro, todos somos libres en hablar y actuar”, dijo, citado en un comunicado del Senado.

Oliva instó además a la sociedad a seguir movilizándose por un Paraguay libre de la corrupción política y sin presos políticos.

El jesuita fue una de las voces que denunciaron la condenas de cárcel a los once campesinos acusados por la matanza de Curuguaty, en el norte de Paraguay, en la que murieron 17 personas en 2012.

Los campesinos, sobre los que pesaban penas de entre 4 y 30 años, fueron absueltos a finales del pasado año tras anularse la condena por las irregularidades durante el proceso.

La matanza provocó la destitución en juicio parlamentario del entonces presidente, Fernando Lugo (2008-2012), que estuvo presente hoy en el homenaje, una iniciativa de su formación, el Frente Guasu.

Carlos Filizzola, senador de esa coalición de izquierda, presentó el acto de homenaje a Oliva, concedido por su aporte a la sociedad paraguaya y latinoamericana en la formación ética de la juventud y la defensa de la democracia y los derechos humanos.

“Acompañó varias luchas populares, indígenas y campesinas. Su gran compromiso con la juventud paraguaya, es la evidencia de una vida de compromiso de lucha, de solidaridad con los olvidados y de los excluidos, es la voz de los sin voz”, dijo Filizzola.

Antes, Filizzola recordó la labor de Oliva como director del departamento de Ciencia y Comunicación en la Universidad Católica Nuestra Señora de Asunción, así como su expulsión de Paraguay por la dictadura.

Oliva, de 91 años, llegó a Paraguay en 1964, para trabajar como profesor, pero fue expulsado del país cinco años después por su proximidad a los grupos opositores.

Tras una labor en otros países, regresó a Paraguay en 1996, para vivir en el Bañado Sur, una de las zonas más pobres de Asunción expuesta a las inundaciones y crecidas del río Paraguay.

Fuente: EFe

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