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La Semana Mundial de la Inmunización, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció la última semana de abril, tiene por objetivo principal sensibilizar acerca de la importancia de lograr una inmunización completa a lo largo de la vida. El lema de este año es Protegidos colectivamente: ¡las vacunas funcionan!


La inmunización es reconocida como una de las intervenciones de salud más efectivas. Se calcula que mediante la vacunación se pueden prevenir de 2 a 3 millones de muertes anuales. Sin embargo, sigue habiendo en el mundo cerca de 20 millones de niños no vacunados o vacunados de forma incompleta. Si se mejorara la cobertura vacunal mundial se podrían evitar otros 1,5 millones más de muertes.

Las vacunas no solamente protegen a quien se vacuna sino también a las personas que la rodean. Cuantas más personas estén vacunadas, menos probabilidades habrá de que una enfermedad se propague.

Gracias a la vacunación, la viruela se declaró erradicada en 1980 tras una campaña llevada a cabo por la OMS y actualmente el mundo se encuentra muy cerca de erradicar la poliomielitis. Además, desde el surgimiento de las vacunas, la esperanza de vida ha incrementado entre 15 y 25 años y se espera que esta tendencia siga al alza.

El mundo se enfrenta a múltiples problemas de salud como los brotes de enfermedades prevenibles mediante vacunación, como el sarampión. Para hacer frente a estas y otras amenazas, la Organización Mundial de la Salud ha puesto en marcha en 2019 su nuevo plan estratégico quinquenal. Entre las diez cuestiones de salud que la OMS abordará este año, se encuentran la pandemia mundial de gripe y la reticencia a vacunarse, una amenaza que frena los progresos realizados en la lucha contra las enfermedades prevenibles mediante vacunación.

Asimismo, el 24 de abril se celebra el Día Mundial de la Meningitis. La meningitis meningocócica es una enfermedad devastadora debido a su alta letalidad y capacidad de causar epidemias. La bacteria se transmite de persona a persona a través de las secreciones respiratorias o de la garganta y por el contacto estrecho y prolongado (besos, estornudos, tos, dormitorios colectivos, vajillas y cubiertos compartidos) con una persona infectada. Los adolescentes tienen más altas tasas de letalidad, al estar más expuestos a factores de riesgo (viajes, bares, campamentos, bares, conciertos, compartir cigarros) y son los mayores transmisores de la bacteria. La vacunación es la mejor medida para proteger contra enfermedad meningocócica.

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