Frank Meléndez aguarda junto a una cincuentena de personas su turno para conectarse a una máquina que purificará su sangre, un proceso que repite tres veces por semana desde hace 18 años y que se ha vuelto cada vez más complicado en medio de la crisis sanitaria que atraviesa Venezuela.


Vive en Barquisimeto (oeste) y tiene solo 45 años pero luce mucho mayor y no puede andar sin ayuda, por lo que se desplaza sobre una silla de ruedas desde hace casi un lustro, cuando por la severa escasez de fármacos vio interrumpida su terapia renal y debilitado su sistema óseo.

Fuente: EFE

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