El actual momento de efervescencia política y social francesa se refleja también en el debate sobre la reconstrucción de Notre Dame. El país está dividido y el presidente Emmanuel Macron se expone a severas críticas por la gestión posterior al incendio.


Ayer, en la Asamblea Nacional, se discutió de manera a veces muy intensa, durante 13 horas, sobre el proyecto de ley presentado por el Gobierno. Fue aprobado en primera lectura, pero queda un largo trámite, con posibles modificaciones, en el Senado.

Para el ministro de Cultura, Franck Riester, es necesaria una ley especial “porque estamos ante una situación inédita en nuestra historia” y se trata de “una obra que se anuncia excepcional, ambiciosa, única”. Para la oposición, en cambio,la actitud del Ejecutivo es otra muestra de su arbitrariedad y autoritarismo. Hay muchos expertos que también critican que la futura ley exima de aplicar disposiciones arquitectónicas, de conservación de patrimonio y medioambientales vigentes. “Esta mañana nos proponen que les demos un cheque en blanco”, se quejó el diputado de centroderecha Fréderic Dumas. Éste citó un sondeo de ayer mismo según el cual el 72% de los franceses rechaza que Notre Dame se reconstruya con una ley de excepción.

La diputada de Francia Insumisa (izquierda radical) Clémentine Autain usó una irónica metáfora para cargar contra el Gobierno. “Una anciana dama acaba de caerse y, antes incluso de hacer un diagnóstico sobre su estado, se le prescribe una ordenanza, unos ansiolíticos y un régimen, y se le pide prepararse para un maratón”, dijo Autain.

La futura ley prevé unas desgravaciones fiscales extraordinarias para las donaciones de particulares y la creación de un ente público para coordinar la reconstrucción. Esto último es objeto de controversia por quienes lo ven como una burocratización excesiva, habiendo ya varios organismos que se ocupan de la conservación del patrimonio.

A Macron se le ataca por su atrevimiento de fijar en cinco años el plazo de la reconstrucción. El presidente tenía en la cabeza los Juegos Olímpicos del 2024. Aun aceptando su buena voluntad de poner prisa, muchos vieron una frivolidad que el jefe de Estado concretara la duración de las obras, sobre todo porque no está nada claro cómo se va a reconstruir. Dependerá de quién gane el concurso arquitectónico internacional y el tipo de proyecto.

“Eso es típico de Macron –comentó a este diario un camarero de la cafetería Panis, en el muelle de Montebello, justo delante de la fachada sur de la catedral–. A este presidente no le podemos creer en nada, hable de la catedral o del paro. Aquí han venido a tomar café varios arquitectos y todos dicen que se necesitarán al menos quince años”.

El punto clave de la disputa es si la catedral debe rehacerse de manera idéntica a como era o con nuevos materiales y diseños para la aguja y el envigado bajo el tejado que se derrumbaron. En el proyecto de ley se tuvo cuidado en no incluir la mención de “reconstrucción idéntica”. Entre las ideas que circulan figuran la de colocar un tejado de cristal, apoyado en una estructura metálica, o un tejado jardín en el que se pueda pasear. Los puristas insisten en que debe hacerse como era, con vigas de madera de roble.

Los vecinos del perímetro de seguridad en torno a la catedral, vallado y custodiado por la policía, temen vivir con molestias durante años. “Se ha convertido en un lugar extraño –afirmó Lilianne, profesora de inglés jubilada–. Durante diez años fue maravilloso habitar aquí, pero uno tiene ahora la impresión de estar en un zoo. Hay un lado morboso en todos esos turistas que se acumulan cerca de nosotros”.

Los dueños de restaurantes, hoteleros y vendedores de libros junto al Sena aseguran, según el estado de ánimo de cada cual, que han perdido negocio o que todo sigue más o menos igual. Kiyou, exiliado iraní y caricaturista (a 10 euros el dibujo) desde hace 22 años, dice que ha perdido clientes, pero se consuela pensando que sus compatriotas, en Irán, “lo pasan mucho peor”.

Fuente: La Vanguardia 

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