Algunos fieles al castrismo, como los cantautores Silvio Rodríguez y Vicente Feliú, condenan también la violenta actuación policial en el desfile contra la homofobia del sábado


La represión policial contra la marcha alternativa del movimiento LGTBI en La Habana ha desencadenado un alud de censura y rechazo, incluso procedente de fieles a la revolución, como los cantautores Silvio Rodríguez y Vicente Feliú. “La represión absurda, vergonzante, peligrosamente evocativa de la marcha gay es definitivamente indefendible”, ha acusado Feliú con el respaldo posterior de Rodríguez, quien ha suscrito sus palabras “con los ojos bien abiertos”.

La manifestación no oficial, en la que participaron algo más de 200 personas, terminó cuando agentes uniformados y de civil la emprendieron a golpes contra varios activistas,cuyo propósito inicial era continuar su protesta por el Malecón. “Me hirieron en la frente, tengo una lesión de varios puntos. Tras suturarme la herida me llevaron a la estación de la Policía de Zanja”, ha resumido el activista Óscar Casanella, el peor parado en los sucesos del sábado.
Entre los detenidos y golpeados también estuvo el científico Ariel Ruiz Urquiola, quien el año pasado retó al Estado con una huelga de hambre tras su detención.

“Eran unos trogloditas maltratando gente que en su mayoría eran estudiantes, diseñadores, artistas, profesionales, actores. Personas que venían en son de amor y paz, sencillamente defendiendo un espacio que les corresponde con consignas como ‘Cuba diversa’ y ‘Sí, se pudo'”, denunció la cantante Haydée Milanés, hija del cantautor Pablo Milanés. El actor Luis Alberto García, dramaturgos como Abel González Melo, disidentes como José Daniel Ferrer y colectivos LGTBI de Europa y América se han solidarizado con los activistas cubanos.

El lema “Sí, se pudo” resumía el porqué de la concentración, realizada al margen del Centro de Educación Sexual (Cenesex). El Gobierno ordenó la cancelación de la tradicional conga contra la homofobia y la transfobia, que durante una década organizó Mariela Castro, directora del Cenesex e hija del ex presidente Raúl Castro. Las excusas oficiales se centraron en la “actual coyuntura que está viviendo el país” y las “nuevas tensiones en el contexto internacional”. Cuba enfrenta una nueva crisis económica, que ha obligado incluso a racionar alimentos como pollo, salchichas y aceite. Su principal aliado, el Gobierno chavista en Venezuela, ya no puede abastecerle de petróleo con las mismas cantidades de los últimos 15 años. Y su principal enemigo, EEUU, extiende sus sanciones con la intención de cortar el cordón umbilical que une a las dos revoluciones.

“La marcha no fue ‘opositora’ ni ‘oficialista’. Fue autónoma, pacífica, alegre -hasta que la empañó la represión- y creativa. Fue ciudadana. Por eso ya es historia en un país acostumbrado al ordeno y mando. Mostró, como corearon allí, que Cuba es diversa”, sintetiza para EL MUNDO el politólogo e historiador Armando Chaguaceda. Una “torpeza” por temor al “efecto contagio”, sentencia.

El Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) ha condenado las detenciones (en torno a una decena), el uso de la violencia y el cerco represivo desplegado contra los activistas. No se trata de la primera manifestación sin permiso oficial en décadas, ya que disidentes como las Damas de Blanco convocan pequeñas protestas de forma constante.

“El mayor reto que tiene nuestro presidente, que no viene de la Historia sino del mismo abajo de muchos, es justamente erradicar esas mentalidades que tienen la retranca puesta en todo lo que se intenta mejorar”, concluía el castrista Feliú, dirigiéndose directamente a Miguel Díaz-Canel, quien cumple casi 13 meses al frente del país.

Fuente: El Mundo

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