Deja así abierta la carrera para su sucesión, que arrancará oficialmente el próximo 10 de junio


Theresa May ha dimitido hoy como líder del Partido Conservador, en una discreta carta remitida al Comité Parlamentario 1922. La ‘premier’ dio así por abierta la carrera para su sucesión entre once candidatos, encabezados por el ex secretario de Exteriores Boris Johnson, partidario del Brexit ‘duro’, con el secretario de Medio Ambiente Michael Gove y el actual titular de Exteriores Jeremy Hunt como máximos rivales.

Pese a su renuncia como líder ‘tory’, anticipada hace dos semanas, Theresa May seguirá en Downing Street como primera ministra ‘interina’ hasta que se nombre a sucesor, previsiblemente en la semana del 22 de julio. May piensa aprovechar los últimos días de su estancia para dar un último impulso a varias iniciativas de política educativa y sanitaria que quedaron aparcadas durante sus tres años consumidos por el Brexit.
Su dimisión ha sido confirmada a primera hora de la tarde de este viernes por los vicepresidentes del Comité 1922, Charles Walker y Cheryl Gillan, que han advertido que el contenido de la carta de renuncia es estrictamente privado. El recato con el que se ha difundido la noticia contrastó con el anuncio que la propia May efectuó entre lágrimas el 24 de mayo a las puertas de Downing Street, cuando lamentó marcharse “sin haber sido capaz de culminar el Brexit” y reconoció que había llegado el momento de que “otro primer ministro lidere los esfuerzos”.

A sus 62 años, y pese a la resiliencia mostrada en los momentos más duros de su mandato, May abandona el poder con el estigma de una líder fallida, incapaz de mediar en la guerra que mantienen desde hace décadas las facciones del Partido Conservador por cuenta de la cuestión europea, que jugó también un papel fundamental en la caída de Margaret Thatcher en 1990.

El referéndum de la UE le costó el puesto a David Cameron, que presentó su dimisión tras la victoria del Brexit y cedió el testigo a su secretaria de Interior el 13 de julio del 2016. May reconoció haber votado por la “permanencia”, pero entró pisando fuerte en Downing Street con la proclama “Brexit significa Brexit” y con la vitola de la “nueva Dama de Hierro” que se fue fundiendo con el tiempo.

Tras perder tres votaciones parlamentarias consecutivas de su acuerdo con Bruselas, y ante el revuelo causado por su intención de abrir las puertas a un segundo referéndum en el cuarto intento, May tuvo que ceder finalmente a las presiones del ala dura los ‘tories’, que llevaba varios meses intentando propiciar su caída.

En su despedida prematura, la ‘premier’ hizo un llamamiento al “consenso” para culminar el Brexit en la fecha prevista, el próximo 31 de octubre. El favorito a la sucesión, Boris Johnson, ha indicado su propósito de sacar a Reino Unido de la UE en esa fecha, “con acuerdo o sin él”.

La posibilidad de un bloqueo parlamentario del ‘no deal’ puede complicar de hecho la sucesión. La propia May ha insinuado que podría permanecer en Downing Street (y aplaza su dimisión como primera minitra) hasta tener las suficiente garantías de que su sucesor o sucesora cuenta con la “confianza” del Parlamento.

El líder de la oposición laborista, Jeremy Corbyn, ha anunciado de antemano su intención de presentar una moción de confianza contra el sucesor de May, con el objetivo de forzar unas elecciones anticipadas. Para lograr la mayoría y superar una moción en la Cámara de los Comunes, el futuro líder conservador debería contar no sólo con el apoyo de todos su diputados, sino con al menos de la mitad de los 10 parlamentarios del Partido Democrático Unionista (DUP), que tendría en sus manos la llave del próximo Gobierno.

La posible victoria de un candidato favorable al ‘no deal’ podría provocar también un enfrentamiento directo con el Parlamento. Al menos uno de los aspirantes, el ex secretario del Brexit Dominic Raab, ha insinuado que si llega a primer ministro podría solicitar a la Reina el permiso para cerrar anticipadamente el período de sesiones de la Cámara de los Comunes y evitar así el bloqueo parlamentario del ‘no acuerdo’ (y poder culminar así el Brexit en la fecha prevista del 31 de octubre).

Michael Gove, subiendo enteros en las apuestas, se ha desmarcado por su parte de los partidarios del Brexit ‘duro’ y ha anticipado que una renegociación del acuerdo con Bruselas obligará seguramente a retrasar el Brexit hasta el 2020. La entrada en liza de su viejo compañero de filas en la campaña ‘Vote Leave’ ha obligado precisamente a Boris Johnson a virar hacia una postura más moderada, de ahí su renuncia a entrevistarse personalmente con el presidente Donald Trump durante su visita, unida a su declaración de guerra contra el pujante y populista Partido del Brexit: “¡Hay que volver a meter a Nigel Farage en su caja!”.

Johnson ha recibido hoy con alivio otra noticia: un alto tribunal ha decidido desestimar la acusación de “conducta impropia de un cargo público” por sus “mentiras” durante la campaña del Brexit. El favorito a la sucesión de May no tendrá que verse pues en la tesitura de comparecer ante un juez y asegurar que no se comportó de un modo “impropio y deshonesto”, cuando dijo que la salida de la UE le permitiría al Reino Unido ahorrarse 350 millones de libras semanales (una cifra rebatida por la institución oficial de estadística británica).

La decisión del alto tribunal da prácticamente por cerrado el caso abierto por Marcus Ball, un joven de 29 años que logró recaudar más de 450.000 euros en una campaña de ‘crowdfunding’ para costear el pleito legal. Hace poco más de una semana, la jueza de primera instancia Margot Coleman cosideró que había “factores relevantes” para que el caso siguiera adelante y llamó a declarar a Boris Johnson en una vista preliminar.

Embarcado ya en la campaña para el liderazgo conservador, Johnson mantuvo calculadamente el silencio mientras sus abogados recurrían la decisión judicial, alegando que su cliente era víctima de una campaña política para cancelar el Brexit. Pese al eco mediático que tuvo el caso, los analistas advirtieron que tenía pocos visos de prosperar en los tribunales británicos. El delito de “conducta impropia de un cargo público” puede conllevar penas de hasta veinte años de cárcel en el Reino Unido.

Fuente: El Mundo

Compartí: