El flujo de indocumentados por la frontera norte de México con EEUU continúa incesante, casi una semana después de un acuerdo migratorio entre esos países, mientras corre el reloj hacia el plazo de 45 días fijado para la primera evaluación de las medidas acordadas, dijeron a Sputnik expertos en ese fenómeno.


“Ahora están llegando unas 200 a 300 personas cada día a Mexicali, cantidades que antes no teníamos, llegan en grupos y se quedan varios días, pero la mayoría salta la barda o se van a Tijuana”, dijo a esta agencia Santiago Raygoza Cruz, presidente de la Federación de Asociaciones Civiles de Baja California.

El presidente de EEUU, Donald Trump, retiró la amenaza de imponer aranceles graduales a las importaciones procedentes de México desde el lunes, de cinco hasta 25%, entre junio y octubre, luego de que México se comprometiera a tomar medidas para contener la migración en su frontera sur.

Entre las acciones está el despliegue de 6.000 efectivos de la nueva Guardia Nacional en la frontera sur para controlar y ordenar la entrada de centroamericanos.

En Mexicali, de un millón de habitantes, no todos los migrantes se quedan en albergues, que atienden a más de 1.000 indocumentados, detalla el responsable de Hijo Pródigo, uno de los alojamientos, fundado en 2005, donde se refugian unas 200 personas.

Raygoza comentó que “ahora dicen los gobiernos que están deteniendo la llegada del éxodo, pero todavía llega mucha gente, no sabemos si esto va a parar algún día”.

La crisis estalló entre diciembre y enero pasados, en el invierno boreal, pero ahora el clima cambió y la llegada de la canícula es un nuevo problema.

Mexicali ya soporta temperaturas desérticas de 45 grados centígrados “y puede seguir subiendo hasta récords de 55 grados porque estamos en pleno desierto”, describe el líder humanitario.

“Antes no llegaban tantos niños y tenemos a muchos menores de edad incluso en brazos, muchos niños hondureños, aparte del flujo normal de mexicanos”, agregó.

Raygoza dice que un brote de varicela ha infectado a unos 150 menores de edad, lo que agrava la precariedad de la atención.

“Estamos en una crisis porque no nos han suministrado recursos gubernamentales para atender a migrantes desde las elecciones del año pasado”, en julio 2018, contó el fundador de esos centros.

Algunas personas llegan con permisos que autoridades migratorias afirman haber entregado a 250.000 visas de trabajo, pero restringidas al sureste del país.

“No todos portan los permisos, podríamos decir que es una proporción de mitad y mitad”, explicó Raygoza.

El transporte utilizado son autobuses o se arriesgan montados en los techos del tren apodado La Bestia, que termina en Mexicali sus más de 4.000 kilómetros desde la frontera sur.

Desde 2005 a 2018 el albergue, que atiende a la quinta parte de los migrantes de Mexicali, recibía unos 25.000 dólares de ayuda gubernamental, pero la nueva administración del presidente Andrés Manuel López Obrador eliminó los subsidios.

Solo cuentan con recursos que aporta la comunidad, mientras que en Hijo Pródigo “fabricamos muebles artesanales y con eso resolvemos las carencias”.

El resultado es que, en plena emergencia, Casa Migrante cerró hace dos meses, y Hotel Migrante, que llegó a atender hasta un millar de migrantes, redujo su capacidad a solo 20%.

Fuente: Sputnik

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