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El padre José Luis del Río y Santiago, quien fue el único sacerdote de la Diócesis de Saltillo, México autorizado por la Santa Sede para realizar exorcismos, falleció a los 86 años.


Su deceso fue por causa de una pancreatitis aguda; apenas dos días antes de su muerte, había presentó complicaciones. A pesar de los esfuerzos de los médicos, la salud del sacerdote no pudo mejorar.

La madrugada de ayer domingo murió; y el equipo de comunicación de la Diócesis de Saltillo anunció que su muerte derivó de una pancreatitis aguda.

Su misión clerical se caracterizó por ser el único sacerdote de la Diócesis de Saltillo autorizado por la Santa Sede para realizar exorcismos en la ciudad. José Luis del Río y Santiago llegó a Saltillo en 1987.

Un pérdida enorme no solo para esta comunidad, sino para toda la Diócesis y no hay al menos en este momento cómo remplazarlo”, señaló el coordinador.

Su último deseo fue que, su cuerpo fuera sepultado en la parroquia del Ojo de Agua en donde estuvo más de 32 años como párroco.

El padre Ignacio Flores quien lo asistió los últimos días de su vida sostuvo que, se están haciendo todos los trámites ante la Secretaria de Salud y el Municipio para que cumplir con la última voluntad del padre José Luis del Río y Santiago.

Fue ordenado como sacerdote el 17 de mayo de 1970, pero el 15 de marzo de 2011 se convirtió en noticia al permitir que un canal de televisión local transmitiera en vivo el exorcismo de un adolescente que presuntamente era víctima de la posesión de cuatro demonios, el que se prolongó por varias horas.

El menor estaba presuntamente poseído por cuatro entidades diferentes y durante la transmisión se aprecia como cada uno se manifiesta a través del joven.

Antes de que terminara la ceremonia, el adolescente se desvaneció y luego de recuperarse, se disculpó con el religioso por las agresiones de las que había sido víctima e intentó besarle la mano.

El Ministerio para Exorcistas de la Arquidiócesis Primada de México define el exorcismo como una acción de la Iglesia, a través de la cual, “se pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del Maligno y sustraída a su dominio”.

 Con información de Infobae y El Heraldo México
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