La interna presidencial demócrata tiene una nueva líder virtual: la senadora Elizabeth Warren, puntera en varias encuestas, y, anoche, principal blanco de otros candidatos en el cuarto debate, el más áspero hasta ahora, que volvió a dejar al descubierto la grieta interna de la oposición entre progresistas y moderados.


Warren, anoche, en el debate Fuente: Reuters

Warren sufrió ataques sostenidos desde varios frentes durante el debate, en la primera prueba real a su candidatura ante las cámaras de televisión, que sirvió para dejar en claro que, para sus rivales, ella parecer ser ahora la candidata a vencer, y ya no tanto Joe Biden, un giro en la contienda para dirimir quién enfrentará al presidente Donald Trump en 2020, y determinará el rumbo del Partido Demócrata.

Warren ha logrado ensamblar una campaña popular, muy enfocada en la gente y con aura de gesta épica que logró ganar impulso, o “momentum”, como dicen en la jerga política estadounidense. Se presenta como una luchadora, con “grandes ideas”, lista para “dar pelea”. Su campaña es una de las que sólo se financia con contribuciones de la gente, sin dinero de empresas. Impuso un rito: al final de cada acto, pasa horas sacándose selfies con sus simpatizantes, que aguardan en una ya famosa “fila para la selfie”. Lleva 70.000, dijo. Hace unas semanas, en Nueva York, en uno de sus actos más concurridos, Warren pasó cuatro horas en ese ritual, al que ha llamado “una nueva medida de la democracia”.

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