"He decretado estado de emergencia" en la región metropolitana, dijo Piñera que designó al general Javier Iturriaga del Campo como "jefe de la seguridad nacional" en el área. La medida, que se extiende por 15 días, implica restringir la libertad de locomoción y de reunión. Los responsables del fútbol chileno anunciaron la suspensión de todos los partidos durante el fin de semana.


El presidente de Chile, Sebastián Piñera ha declarado el estado de excepción en Santiago de Chile en la madrugada de este sábado tras una impactante explosión de violencia que convirtió a la capital del país en una ciudad arrasada y con el servicio de metro inutilizado durante los próximos días. El detonante de las protestas ha sido el alza de 30 pesos en el precio de los billetes del metro decretado hace dos semanas, hasta los 830 pesos actuales en hora punta. La reacción de miles y miles de estudiantes durante la semana tras conocerse el aumento de la tarifa del metro precipitó este viernes una escalada de tensión en Santiago que derivó en protestas de gente de todas las edades e incluso familias completas golpeando sus cacerolas.

Ya en la noche, los cacerolazos y los saqueos se multiplicaron en diversos barrios de la ciudad, donde se observaron fuertes enfrentamientos entre manifestantes y los carabineros (policía militarizada). Sebastián Piñera, presidente chileno, anunció al filo de la medianoche su decisión de militarizar la ciudad.

“He decretado estado de emergencia” en la región metropolitana, dijo Piñera que designó al general Javier Iturriaga del Campo como “jefe de la seguridad nacional” en el área. La medida, que se extiende por 15 días, implica restringir la libertad de locomoción y de reunión. Los responsables del fútbol chileno anunciaron la suspensión de todos los partidos durante el fin de semana.

“El objetivo es muy simple, pero muy profundo: asegurar el orden público, asegurar la tranquilidad de los habitantes de Santiago, garantizar los derechos de todos y cada uno de nuestros compatriotas que se han visto conculcados por verdaderos delincuentes”, añadió el jefe del Estado.

Varias estaciones de la red de metro fueron destrozadas por los manifestantes, en tanto que un incendio de proporciones afectó el edificio sede de Enel, la empresa eléctrica local, en pleno centro de la capital. También fueron incendiados autobuses de la red de transporte de Santiago.

“¡Evadir, no pagar, otra forma de luchar!”, gritaron los manifestantes por la tarde al tomar el control en varias estaciones de la red de metro. Por “evasión” se entiende el no pagar el boleto.

Piñera, que la semana pasada había definido a Chile como “un oasis en Latinoamérica”, demoró en mostrarse al frente de la situación, pero pasadas las diez de la noche regresó al Palacio de la Moneda con semblante serio para sostener reuniones con parte de sus ministros. Piñera había sido objeto de duras críticas en redes sociales al difundirse fotos en las que se lo veía cenando pizza junto a su familia mientras la ciudad vivía horas negras.

“Son hechos de vandalismo que están ejecutados por grupos organizados”, aseguró el ministro del Interior, Andrés Chadwick.

Horas antes, Metro de Santiago había informado que las 136 estaciones de la red se mantendrán cerradas y sin servicio todo el fin de semana: “Esta medida se ha debido tomar por los graves destrozos a la infraestructura y sistemas de las estaciones, que impiden contar con las condiciones mínimas de seguridad para pasajeros y trabajadores”.

La oposición de centroizquierda se refirió a que la “inequidad” sigue siendo el gran problema de Chile. El transporte público -el precio del boleto del metro se duplicó en poco más de una década- es un asunto sensible en la sociedad chilena: la socialdemócrata Michelle Bachelet perdió buena parte de su popularidad en el inicio de su segundo mandato debido a masivas protestas por el sistema entonces conocido como “Transantiago”.

Hoy, en medio de la explosión de violencia, una bandera de Chile fue quemada en el centro de la ciudad, un hecho llamativo en un país conocido por su fuerte nacionalismo.

La explosión de violencia llega en medio de un larvado descontento social en el país, cuya economía mostró en los últimos meses el menor crecimiento de los últimos 20 años. Pese a su gran desempeño económico en las últimas décadas, la chilena sigue siendo una de las sociedades más desiguales de la región.

Piñera se dijo “absolutamente consciente de las dificultades y las carencias que afectan a muchos” de los chilenos y llamó a un “diálogo transversal” en los próximos días para que “los más vulnerables y necesitados tengan toda la ayuda que necesitan”.

Fuente: El Mundo

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