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Agustín Barúa, médico psiquiatra de vasta experiencia, se explayó acerca de las drogas mencionando los problemas que obstruyen el debate abierto. Señaló que existe un estigma sobre el uso de ellas, debido a que desde la concepción de los mensajes de prevención, se las valora como negativas de manera absoluta por los sesgos de moral, por la posición desde la que se juzga, por la negación del placer y porque al debatir sin tomar en cuenta el contexto social estamos condenando solamente los efectos cuando en realidad, la discusión ni siquiera está planteada de manera acertada y encaminada a llegar a buen puerto.


Barúa señalaba que existen obstáculos desde el planteamiento de los debates. Comentó que si somos moralistas –juzgar desde la ceguera o con un sesgo por limitaciones que impone la moral o incluso falsa moral- ; adultocéntricos –sobreponer y tomar como cierta la sabiduría de los adultos por sobre el conocimiento de los jóvenes, disminuyendo y minimizando las posiciones y opiniones que podrían ser constructivas, por creer que la edad de alguien le resta autoridad- ; antiplacenteros  -negar que existe la realidad de la necesidad de placer- y no reconocemos el problema del poder del narcotráfico en una sociedad, no se puede debatir.

Señaló la necesidad de abrir la posibilidad de debatir sin prejuicios, estigmas o miedo sobre el uso de las drogas. Tomó en cuenta que si hablamos de drogas debemos recordar que el alcohol también está tipificada entre ellas y que el chocolate está clasificado en el primer grado de adicción. Mencionó además que se suele olvidar que las drogas también son usadas con fines terapéuticos, refiriéndose a los fármacos por ejemplo. Recomendó no juzgar o estigmatizar como manera de prevenir, pues eso daña y es contraproducente para quienes están atravesando una compleja situación, pues los hace encerrarse más en sí mismos ya que la sociedad tiende a adoptar una posición radical al condenar el uso de drogas prohibidas y no tener en cuenta el contexto social que influye considerablemente.

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