La subida de temperatura del agua del mar y la destrucción de los ecosistemas marinos harán que en un futuro breve dejemos de comer los peces que comemos ahora y comencemos a morir de enfermedades tropicales como el dengue, algo que antes era imposible en el Mediterráneo, explica el científico Daniel Cebrián Menchero, director de Programas en el Centro de Biodiversidad de Mediterráneo de la ONU.


Cebrián Menchero, que desde hace más de una década estudia el efecto de los cambios climáticos en las costa del Mediterráneo desde su base en Túnez, insiste en que pese a lo que se considera popularmente, el deshielo de los polos no es el problema más grave que sufren los mares y el Mediterráneo, sino los cambios radicales, y en algunos casos ya casi irreversibles, que se detectan en los ecosistemas.

PREGUNTA: El Mediterráneo es uno de los mares más diversos del planeta, después de los tropicales ¿siente ya el cambio climático, como le afecta?

RESPUESTA: Desde el trabajo hecho hace diez años vemos que el cambio climático ya estaba aquí. Y eso se nota en el aumento de epizootes, de enfermedades en ciertas especies de gran extensión, con lo cual están en riesgo. Ahora tenemos el caso de la “pina nobilis» que es un gran molusco, un mejillón gigantesco, el mayor molusco después de la tríanada en los trópicos, que está en peligro de extinción. Ha sido por un parásito, pero es que estos parásitos que están apareciendo, estas enfermedades que aparecen en estos lugares, no existían antes, no existían antes en el Mediterráneo porque las condiciones climáticas eran diferentes.

P: ¿En qué eran diferentes?

R: Nuestros mares son un grado más cálidos que antes, se habla de un 1,7 más cálidos que hace unos años, lo que permite que las enfermedades se extiendan y sean alóctonas, es decir que no existían en el Mediterráneo, se puedan ahora introducir y reproducirse. Estamos hablando de todo tipo de especies, moluscos, peces, protozoos, etc… son especies que (llegan) bien con las aguas de los barcos o través del canal de Suez y el estrecho de Gibraltar. Antiguamente, estas especies llegaban pero debido a las condiciones climáticas, y en especial en las épocas de invierno, con el frio, morían y no se creaban poblaciones. Ahora sobreviven en invierno y se reproducen, y estamos encontrando unos cambios en los ecosistemas tremendos.

Tenemos especies del Mar Rojo que están ocupando e invadiendo una gran parte del Mediterráneo oriental. Eso desplaza a otras y tiene implicaciones en la pesca, en los peces que normalmente comemos, en los moluscos, en los crustáceos con una merma importante en muchas especies y que no sabemos hasta que punto va a llegar esto. En el norte de África, por ejemplo, tenemos un gran expansión de un cangrejo, que se llama el cangrejo azul, que la gente ya lo conoce en los mercados y que básicamente se lo come todo, causando una gran degradación de los ecosistemas.

P: Los científicos marinos insisten mucho en advertir del riesgo de la destrucción de ecosistemas ¿a qué nivel ocurre en el Mediterráneo?

R: Otro problema es el aumento de la acidez del mar. Es un problema casi más serio que lo que dijimos sería el aumento del nivel de las aguas porque eso provoca también que especies con concha no se puedan reproducir o mueran. Incluso afecta a lo que es el plácton… tenemos una gran alteración de los ecosistemas tal y como los conocíamos hace 30 años. Y no podemos calibrar aún la extensión del daño, , solo podemos calcular que la extensión del daño que ocurre ya en el Mediterráneo es muy grande. Y esto, desgraciadamente, se conoce muy poco a nivel divulgativo, en el gran público, nuestro mar es de los más biodiversos del planeta, solo por debajo de mares tropicales, y no solo va a ser una gran pérdida, si no que va a afectar a las poblaciones humanas que vivimos a su alrededor.

P: ¿Como lo nota el ser humano?

R: Tiene un impacto a nivel económico, pero sobre todo a nivel de bienestar, que es lo más grave. Es España ya se conoce la situación que está ocurriendo en el Levante, con estas alteraciones también meteorológicas de la atmósfera. Tenemos también el problema de las diferentes enfermedades, que tradicionalmente considerábamos de aguas más cálidas, tropicales, estamos hablando ya también en zonas terrestres, que llegarán aquí, transmitidas por parásitos, por mosquitos, aun no sabemos la envergadura que puede tomar esto, pero ya hay muchos equipos científicos trabajando en ello.

P: ¿De qué enfermedades estamos hablando?

R: Moriremos de enfermedades como el dengue, la tuberculosis, enfermedades que antes creíamos que iban a estar muy desarraigadas, que no nos iban a afectar en nuestras latitudes, que considerábamos tropicales, y que también las tendremos aquí. Seremos más sensibles a las enfermedades. Cuando comentaba antes que en los sistemas marinos están ocurriendo mortandades masivas de ciertas especies, degradaciones de hábitat, no son solo los arrecifes coralinos los que están desapareciendo, también los nuestros. Puede llegar a haber ese tipo de mortalidad a nivel humanos. Vamos a ser más sensibles a virus, a bacterias, a enfermedades que antes pensábamos que no ocurrirían. Todo el norte del planeta, todas las altitudes altas y bajas, pero en el caso de las altas, todas las zonas de tundra que se están derritiendo, donde estaba el permafrost, ahí están aflorando virus y bacterias que llevan desaparecidos, o no han estado activos y en contacto con los seres humanos porque no existía la raza humana. Esas bacterias pueden llegar a afectarnos directamente.

P: ¿Y comeremos los mismos peces?

R: Los mismos peces no, porque muchas especies están básicamente, a nivel comercial, cerca de la desaparición, si no se toman medidas. Cuando se toman medidas de gestión pesquera los ecosistemas marinos tienen una capacidad muy fuerte de recuperación, pero con las tendencias actuales habrá especies que no podremos comer; de hecho ya ocurre, ha ocurrido con especies que antes eran comunes, las mismas anguilas que están en peligro de extinción. Pero ahí seguimos todos comiendo anguilas y nadie se percata, o en general, mucha gente no se percata de que es una especie muy popular, muy conocida, y que básicamente está desapareciendo. Tendremos que comer otras cosa, pero no solo eso, a nivel planetario para que nuestra huella ecológica sea menor tendremos que pensar en una dieta menos dedicada a lo que sería la escala de depredadores, menos carne, menos pescado, y una alimentación alternativa. No estamos diciendo que todo el mundo deba ser vegetariano, pero hay que intentar volver a una moderación alimenticia que teníamos antes porque no teníamos recursos económicos para pagar más caras las comidas.

P: ¿Estamos a tiempo de salvar esos ecosistemas?

R: Conocemos muchas áreas pesqueras del mundo donde la pesca desapareció, como ocurrió con las anchovetas en el Perú, o el bacalao en las zonas próximas a Canadá, que son recursos pesqueros que ya no se tienen y que no se van a recuperar porque se crea una nueva estabilización de los ecosistemas en un estado diferente al que tenían y, por mucho que se tomen medidas, cuando es muy tarde es muy difícil que los ecosistemas se recuperen en la escala de tiempo humana. Es importante que cuando se pida que se tomen medidas, se haga antes de que sea demasiado tarde.

Llevamos muchísimos años de retraso. En los años 70 ya se estaba hablando básicamente de que había que tomar medidas contra esto, de hecho lo que el gran público no sabe es que desde hace dos siglos, cuando se comenzó a consumir petróleo, ya había algún estudio que remarcaba que la polución atmosférica creada por el petróleo crearía problemas; ya se decía que había que tomar medidas en los 70 y por supuesto en los 80. Hubiera sido relativamente fácil transitar, descarbonizar que se dice, a unas economías basadas en otras energías menos contaminantes.

P: ¿No pecamos de alarmismo?

R: Lo único que se puede decir es que hay que hacerlo ya, lo antes posible, porque es muy difícil evitar subidas de temperatura globales altas. Hubo un fuerte componente de autocensura en los científicos porque siempre se les reprochaba que exageraban, que eran catastrofistas, y realmente lo que se estaba haciendo es informar de lo que venía. El catastrofista no era el científico, era este tipo de desarrollo económico en el que habíamos enfocado el desarrollo humano, basado en quemar petróleo, derivados, gases etc. Esta es la situación y hay que tomar medidas ya. Es importante que a nivel político, a nivel de gobiernos, que se empiecen a basar las economías en una transición económica fuerte hacia energías no contaminantes. Porque antes decíamos que podía ir en ello el futuro de nuestros nietos, de nuestros hijos, ahora va el futuro de la gente de nuestra generación, nos afectará a todos ya, no es catastrofismo, es avisar que esto va a ocurrir. Hay base científica para ello y no hay que ignorarlo.

P: Parece que en la actualidad existe una mayor concienciación sobre los cambios en el planeta: ¿a qué lo atribuye?

Respuesta: Los impactos están afectando muy directamente a la economía y es cuando la sociedad ha reaccionado. Esto es así, no vamos entrar en consideraciones políticas, pero es un hecho. Ahora hay un efecto muy fuerte en las economías, unas pérdidas enormes, que incluyen vidas humanas en muchos casos; tenemos muchas más catástrofes que antes, están aumentado de forma exponencial, y unos daños materiales enormes, incluyendo las zonas costeras, pero por supuesto en todas las zonas del planeta. La mejor inversión económica que un país puede hacer hoy en día, sería en cambiar esta tendencia. No estamos hablando de crear beneficio directamente, sino de evitar grandes pérdidas. Es una solución ganadora-ganadora cambiar a otro tipo de economía en el planeta.

P: Los más concienciados parecen los jóvenes…

R: Hemos tenido un problema de educación medioambiental en las generaciones digamos más maduras. Hemos tenido en el Mediterráneo, por suerte, un acceso a la educación mayor que el que teníamos antes, pero no se ha centrado lo suficiente en una educación medioambiental, sobre todo en una sensibilización a pesar de que ha habido grandes personajes que han ayudado, pero casi de forma individual. Tenemos los casos de Jacques Cousteau, de Félix Rodríguez De la Fuente, que cambiaron la mentalidad de muchas personas

La juventud, también por suerte, tiene una educación bastante más alta ahora, una acceso a la educación que le permite ver que lo que esta ocurriendo no es para nada producto del azar. Esta juventud se ha hartado de que los estemos ignorando, de que estemos ignorando el futuro del planeta, porque cuando todos nosotros muramos, que es una situación natural, su capacidad de recuperar el planeta va a ser mucho peor, su calidad de vida va a ser mucho peor que la nuestra por culpa nuestra. EFE

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