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En un texto alternativo a la homilía principal, Ricardo Valenzuela reclamó honestidad y sinceridad a las autoridades en la renegociación del anexo C del Tratado de Itaipú, la rendición de cuentas por el dinero público que financia los partidos políticos, además de repudiar la violencia contra las niñas y las mujeres e instar a tomar recaudos para evitar los atropellos contra los trabajadores por quienes intercedió solicitando el cumplimiento de sus derechos y añadiendo la problemática de falta de tierra que afrontan los pueblos indígenas y campesinos.


«Asistimos a episodios de violencia extrema contra la mujer, debemos eliminar y hacemos un llamado urgente para prevenir y que no ocurra ni un feminicidio más» reclamó Valenzuela. «La violencia contra las niñas y la mujer debe parar, debe terminar. Ellas nos traen alegría y apoyo en momentos difíciles» expresó con contundencia.

De elaboración propia, el Monseñor de Caacupé, Ricardo Valenzuela leyó una carta con gran contenido de crítica social frente al auditorio de feligreses, en gran parte dirigida al gobierno actual y las administraciones anteriores, instando a generar el ambiente necesario para garantizar el cumplimiento de los derechos de la ciudadanía en diferentes aspectos.

«Para el 2023 solicitamos que las autoridades actúen con la máxima claridad, sinceridad, patriotismo y de cara al pueblo» expresó haciendo alusión a la renegociación del Anexo C del Tratado de Itaipú. «Paraguay firmó esos tratados para que los gobiernos de turno obtengan recursos fabulosos de la venta de energía a precio justo, no para recibir de lo que sobra» resaltó.

«Seguimos con más de 1.800.000 pobres en el país» refirió haciendo referencia a la desigualdad y complementó diciendo «basta de mezquindad con el dinero. Basta de acumulación excesiva de bienes improductivos en manos de pocos«.

«El planeta tiene fecha de vencimiento también, no puede soportarlo todo, ya lo dijo el Papa Francisco en la encíclica Laudato Sí», fue lo expresado por Valenzuela al comentar la inequidad en el acceso a la tierra y una administración deficiente que aún no permite dignificar a familias campesinas y comunidades indígenas, señalando y reprobando el avance de la agricultura mecanizada y la concentración de territorio en manos de un sector. «Poseer la tierra, tener una casa, un lugar donde morar y vivir dignamente es sueño y meta de todos» sostuvo.

«Poquísimas personas acumulan riquezas que ni siquiera están en condiciones de manejar y controlar y menos aún de convertirlas en inversiones para generar fuentes genuinas de trabajo para los miles de desocupados» reclamó el Monseñor, sosteniendo que debe existir mayor voluntad en la generación de fuentes de empleo que dignifique a quienes estén ávidos de crecimiento. «Hay gran cantidad de jóvenes sin trabajo, formados y capacitados, pero no consiguen un trabajo digno, por lo que emigran al extranjero» fue su preocupación.

Dirigiendo su discurso hacia el gobierno y los partidos políticos, comentó que «el estado destina dinero a los partidos políticos sin que haya rendición de cuentas» y criticó la presencia de funcionarios estatales ligados a hechos deshonestos como el narcotráfico. «El uso y abuso de la política y del poder crean un caos sociopolítico, con repercusión inevitable en la corrupción, que el país ya no puede soportar» señaló.

 

 

 

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