Uno de los grandes retos científicos es proporcionar a los astronautas asignados a misiones de larga duración la alimentación más completa posible, pero para eso hay que poder cultivar productos frescos en el espacio, algo casi impensable hasta ahora.


Foto: Diario Vasco

Un estudio publicado hoy viernes en la revista Frontiers in Plant Science avanza que los astronautas han podido cultivar en el espacio lechugas libres de microorganismos, seguras para el consumo humano, nutritivas y sabrosas, y todo pese a crecer en un ambiente de baja gravedad y con una radiación mucho más intensa que la de la Tierra.

El experimento, liderado por la doctora Christina Khodadad, del Centro Espacial Kennedy (Florida), se llevó a cabo en la Estación Espacial Internacional (ISS por sus siglas en inglés), donde los astronautas de la NASA cultivaron una cosecha de lechugas romanas rojas (Outredgeous).

El avance es una buena noticia para la ciencia pero sobre todo para los astronautas, resignados a vivir en el espacio con raciones de alimentos procesados y liofilizados para durar más tiempo.

Aparte del cambio de la dieta, los productos frescos cultivados en el espacio proporcionarían a los astronautas más potasio y vitaminas K, B1 y C, nutrientes poco abundantes en las raciones envasadas que, además, se degradan con el almacenamiento a largo plazo.

Los cultivos espaciales serán especialmente útiles en las misiones espaciales de larga distancia, como Artemis-III (programada para que los humanos aterricen en el polo sur lunar en 2024), el actual programa SpaceX, o la primera misión de la NASA a Marte con tripulación, prevista para finales de esta década.

La lechuga cultivada en el espacio tenía una composición similar a las de la Tierra, con pequeñas diferencias: el tejido vegetal cultivado en el espacio tendía a ser más rico en elementos como el potasio, el sodio, el fósforo, el azufre y el zinc, así como en fenólicos -moléculas con probada actividad antiviral, anticancerígena y antiinflamatoria-.

También tenía niveles similares de antocianina y otros antioxidantes que pueden proteger a las células del daño causado por los radicales de oxígeno libres y reactivos.

Los científicos también examinaron las comunidades microbianas que crecían en las plantas y observaron que las cultivadas en la Tierra albergaban microbios «comensales».

Sin embargo, dado que éstos pueden afectar a la salud de las plantas y a su idoneidad como alimento, los investigadores secuenciaron el ADN de las comunidades de hongos y bacterias que crecen en la lechuga.

Además, confirmaron que en las hojas nunca hubo ninguna bacteria peligrosa como la E. coli coliforme, la Salmonella o la S. aureus, y que el número de esporas de hongos y moho de las lechugas también estaba en el rango normal en productos aptos para consumo humano.

El estudio concluye que la lechuga cultivada en unidades vegetales espaciales es segura para su consumo, unos resultados «alentadores» que abren la puerta a nuevos experimentos con otros cultivos «espaciales» que ayuden faciliten las futuras misiones. EFE

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