"Ni besos ni abrazos, contentaros con salamu aleikum". Es el consejo que dan de las "patrullas de concienciación" que recorren en los tres últimos días las calles de Marruecos para instar a la ciudadanía a no salir de sus casas para limitar el contagio por el coronavirus.


En Marruecos se acabaron las tertulias en los cafés y los encuentros entre grupos de amigos y familiares. Se acabaron también los abrazos y efusiones tan propias de una sociedad mediterránea: el que rehúye el contacto físico se considera distante y altivo. O así era hasta ahora.

Caravanas de coches con policías y funcionarios patrullan las calles de las distintas ciudades y recuerdan que el «salamu aleikum» bastará en estos días, algo que ya recomendó el profeta Mahoma.

Organizadas por los servicios de las wilayas (gobiernos civiles) de las ciudades del país en coordinación con la policía, las fuerzas auxiliares y la sociedad, las caravanas -de al menos cinco vehículos entre furgonetas y coches cada una- recorren los diferentes barrios, pobres y ricos, llamando a la responsabilidad ciudadana.

Desde el de una furgoneta, dos voluntarios se turnan con el megáfono para repetir los mensajes de concienciación a la ciudadanía, ante las miradas incrédulas o curiosas de los ciudadanos, según pudo constatar Efe en Rabat y Salé.

«Por favor, os lo rogamos, quedaos en casa, no salgáis a los jardines, no os aglomeréis en las plazas públicas», repetía un voluntario, mientras los pocos viandantes que estaban en la calle grababan la escena, y otros desde su balcón curioseaban o aplaudían la medida.

La misma escena se repitió en las otras ciudades del país a juzgar por los profusos vídeos publicados en las redes sociales sobre estas campañas de concienciación. A diferencia de Rabat, en Casablanca han sido los militares, con gestos amenazantes, los que han ordenado a los vecinos quedarse en sus casas.

«No dejéis que seamos la burla del mundo, luego dirán ‘mira cuántas personas han muerto en Marruecos’, el coronavirus juega con nuestras vidas» era uno de los mensajes -casi todos en dialecto marroquí (dariya) y en tono grave- más contundentes que se repetían ante los ciudadanos para prevenir la extensión de la pandemia.

En el país magrebí hasta ahora hay 58 casos (dos de ellos muertos) contagiados por el COVID 19, la mayoría de ellos marroquíes o extranjeros procedentes de los países europeos infectados por el virus.

A los llamamientos de partidos políticos o de artistas para respetar lo que se ha llamado «aislamiento domiciliario», algunos han añadido el espíritu patriótico haciendo sonar el himno nacional desde sus ventanas y balcones.

Antes de decretar estas medidas, el gobierno ordenó los días anteriores el cierre de cafés, de lugares de ocio públicos y privados, de teatros y salas de cine, y de clubes deportivos, y de acontecimientos familiares como acudir a bodas o funerales.

Previamente había anulado todos los eventos culturales, artísticos y deportivos, cerró su espacio aéreo y marítimo a todos los viajes de pasajeros, y suspendió las clases presenciales en todos los niveles y sustituirlos por cursos online.

¿Podría llegar Marruecos a decretar un estado de alarma o un toque de queda? El profesor universitario Ahmed el Bouz, especialista en derecho constitucional, explicó a Efe que esas dos situaciones no existen como tales en las leyes marroquíes.

Según El Bouz, la Constitución marroquí contempla el estado de excepción y de sitio, aunque él descarta de momento recurrir a esos regímenes particulares y subraya que las leyes ordinarias habilitan a las autoridades civiles a tomar todas las medidas que restringen la circulación de ciudadanos o imponer un confinamiento cuando acontezcan circunstancias de fuerza mayor. EFE

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