Australia solicitó que se realice una investigación sobre el origen del coronavirus. Alemania y Gran Bretaña se preguntan una vez más si deben permitir la entrada del gigante tecnológico chino Huawei. El presidente estadounidense Donald Trump, culpó a China por el contagio y busca sancionarla. Algunos gobiernos quieren demandar a Pekín por daños y perjuicios.


En todo el mundo crece la reacción contra China por su mal manejo inicial de la crisis, que ayudó a propagar el coronavirus a nivel global. Las críticas pusieron de relieve una batalla de relatos profundamente polarizadores y están frenando la ambición de China de llenar el vacío de liderazgo dejado por Estados Unidos.

Nunca dispuesta a aceptar los reproches exteriores y preocupada por el posible daño a su control interno y su economía, China respondió agresivamente, mezclando la asistencia médica a otros países con una dura retórica nacionalista, y los pedidos de agradecimiento con amenazas económicas.

El resultado no hizo más que impulsar las respuestas negativas y reforzar la creciente desconfianza con China en Europa y África, socavando la imagen de actor global generoso que el régimen promueve con tanto interés.

Incluso antes del virus, Pekín ya abordaba las relaciones públicas con virulencia, a través de una agresiva diplomacia llamada «lobo guerrero». Con el apoyo manifiesto del presidente Xi Jinping y del poderoso departamento de propaganda del Partido Comunista Chino, una joven generación de diplomáticos chinos está dando muestras de su lealtad con mensajes desafiantes.

Con el virus, el tono se volvió aún más áspero, lo que da cuenta de la gravedad del peligro que representa para el prestigio de los líderes chinos en su propio país.

En las últimas semanas, por lo menos siete embajadores chinos -en Francia, Kazajistán, Nigeria, Kenia, Uganda, Ghana y la Unión Africana- fueron citados por sus anfitriones para responder acusaciones relacionadas, por ejemplo, por la difusión de información falsa o por el «maltrato racista» de africanos en Cantón, China.

Antes de eso, la embajada china en Berlín se enfrentó públicamente con el diario alemán Bild luego de que el tabloide exigiera 160.000 millones de dólares como compensación de China por los daños sufridos en Alemania por el virus.

La semana pasada, Trump dijo que su administración estaba realizando «serias investigaciones» sobre el manejo de la epidemia de coronavirus por parte de Pekín. También expresó su interés en demandar a China por los daños ocasionados, y que Estados Unidos pretende una compensación de 10 millones de dólares por cada estadounidense fallecido.

En Estados Unidos, los republicanos apoyaron los ataques de Trump. El fiscal general de Missouri, Eric Schmitt, presentó una demanda ante la Corte federal para responsabilizar a Pekín por la epidemia.

Geng Shuang, vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, calificó la demanda de «frívola» y agregó que no tenía «fundamentos fácticos ni legales» y «solo invita al ridículo». La demanda parece estar menos destinada a conseguir una victoria en la Corte, algo bastante poco probable, que a presionar al Congreso para aprobar legislaciones que faciliten a los ciudadanos estadounidenses a demandar a Estados extranjeros.

«Desde el punto de vista de Pekín, este pedido hace recordar las reparaciones pagadas luego de la rebelión de los bóxers», dice Theresa Fallon, directora del Centro de Estudios para Rusia, Europa y Asia, en referencia al levantamiento de 1899-1901 que terminó con la derrota de China y enormes reparaciones pagadas a las ocho naciones vencedoras durante las décadas siguientes. «El partido impulsó tanto el relato de la humillación que para Xi es políticamente imposible llegar a pagar algún tipo de reparación».

Para Xi, en cambio, fue fundamental darle un giro al relato de la epidemia de coronavirus y convertir la historia de incompetencia y fallas -incluida la supresión de las primeras advertencias sobre el virus- en un relato de victoria sobre la enfermedad, una victoria lograda gracias a la unidad del partido.

En la última versión del nuevo relato chino, el enemigo -el virus- ni siquiera proviene de China, sino de las fuerzas militares estadounidenses, una acusación sin fundamentos hecha por el combativo vocero del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Zhao Lijian.

Susan Shirk, directora del Centro China Siglo XXI de la Universidad de California en San Diego, dice que a los diplomáticos chinos los incentivan a ser combativos. Pero a largo plazo China está sembrando desconfianza y perjudicando sus propios intereses, dice la especialista, que trabaja en un libro sobre cómo China habría malogrado sus ambiciones de ascenso pacífico como superpotencia mundial.

«Mientras China empezaba a controlar el virus y lanzaba esa diplomacia de asistencia sanitaria, podría haber aprovechado para enfatizar su reputación como poder global responsable», dice Shirk. «Pero ese esfuerzo diplomático se volvió rehén de la propaganda del partido, que se esforzó para aprovechar su asistencia intentando obtener elogios para China como país, como sistema y por su desempeño en la detención de la propagación del virus».

Fuente: La Nación Argentina

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