Con más del 69 % de la población estudiantil mundial afectada por la pandemia del coronavirus, y tras la implementación generalizada de la cuarentena, la salud física y mental de […]


Con más del 69 % de la población estudiantil mundial afectada por la pandemia del coronavirus, y tras la implementación generalizada de la cuarentena, la salud física y mental de los jóvenes se ha visto seriamente alterada.

Según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid (España), los jóvenes de entre 18 y 24 años son el grupo que presenta más síntomas relacionados con ansiedad (34,6 %) y depresión (42,9 %) durante el confinamiento. La facultad de Psicología de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de San Francisco (Argentina) también encontró que jóvenes (18 a 39 años) están experimentando mayor ansiedad, depresión y estrés que los adultos mayores.

En este sentido, Fundación Scholas, organización internacional de derecho pontificio que integra una red de medio millón de instituciones y redes educativas de 190 países, gestionó las reuniones denominadas “Ciberencuentro Mundial de Jóvenes por el Coronavirus”, que se han convertido en un espacio global permanente en el que semana a semana están siendo convocados miles de jóvenes de todo el mundo.

Tristeza disminuyó un 69 % entre los jóvenes participantes

En este marco, el Comité Científico del Observatorio Wezum realizó un estudio sobre la valoración de los estados de ánimo de los estudiantes antes y después de cada encuentro semanal. Esta investigación es liderada por la investigadora Ana Victoria Poenitz, PhD en Psicología con orientación en Neurociencias Cognitivas Aplicadas, quien explica que se trata de un estudio “exploratorio y descriptivo, de tipo longitudinal”.

Se partió de un reporte con valores más altos de la media esperada en intensidad de emociones negativas como la sensación de soledad, nerviosismo y tristeza. En los resultados se reflejó una disminución del 44,60 % de la sensación de soledad, un 46,07% en la de inquietud, nerviosismo o intranquilidad, y un 69,09% en la intensidad de la tristeza. Asimismo, se evaluó un incremento del 43,04 % en la autopercepción de la intensidad de la esperanza, del 53,35 % en actitud prosocial (o ganas de hacer cosas por los demás), y del 68,46 % en la sensación de alegría.

David Bueno, doctor en Biología y profesor de Genética en la Universidad de Barcelona, destaca: “El hecho de mantener encuentros periódicos es una de las muchas formas de mantener la rutina”, y agrega que “los jóvenes necesitan, imperativamente, vida social con sus iguales; en la adolescencia y la juventud una de las funciones del cerebro es encontrar el sitio de cada uno dentro de su entorno, y eso incluye a sus iguales, otros jóvenes, porque será con ellos con los que van a construir la sociedad”. Por este motivo, el equipo pedagógico de Scholas comprobó que educar en la cultura del encuentro que propone el Papa Francisco desde el año 2001 genera armonía interior y salud.

David Bueno, quien es además experto en neurociencia, destaca: “Las emociones positivas se relacionan con una serie de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina. Ambos activan redes neuronales y hormonas dentro del cerebro -pero que circulan por todo el cuerpo- que generan respuestas del sistema inmunitario; se ha visto que estas emociones positivas, si bien no curan, sí permiten que el sistema inmunitario esté más activo, con lo que sea algo más difícil que enfermemos. Y si ya estamos enfermos, que sea aún más rápida la recuperación”.

Además de lo anterior, se analizaron cuatro factores relevantes para la conformación de una estructura de personalidad resiliente, según la literatura científica. Los jóvenes reportaron una mejora del 18,52 % en su autoestima, del 20,76 % en su optimismo respecto del futuro, de un 37,68 % en la posibilidad de hablar de sus propias emociones, y de un 8,52 % en la seguridad en sus propias creencias. Dichas medias estadísticas corresponden a los ciberencuentros locales de países como España, Italia, México, Colombia y del Encuentro Virtual Mundial de Jóvenes Scholas y ORT, del cual participaron más de 50 jóvenes de escuelas privadas y públicas del Paraguay.

También se registró un incremento del 44,6 % en la autopercepción de la capacidad reflexiva e introspectiva, otro de los factores de personalidad relevante de cara a la resiliencia.

Las nuevas tecnologías, ¿buenas o malas?

“En pre-cuarentena, tratábamos de promover el contacto directo entre las personas, sin tecnología y pantallas de por medio”, explica Claudio Waisburg, neurólogo y director del Instituto Neuropediátrico SOMA (Argentina). “Desde que nacemos, necesitamos estar con otras personas, en vivo y en el ahora; no obstante, uno se tiene que reconvertir, tiene que poder replantearse a uno mismo en cada situación; adultos, chicos y adolescentes tenemos que rearmarnos, pensar en cómo transformar el miedo en acción. Todo lo que la tecnología hoy nos provee es ayuda para poder seguir en contacto con lo que nuestro cerebro necesita para estar bien y para promover emociones positivas”. Es por esto que este investigador aplaude la iniciativa de Scholas al utilizar la tecnología para seguir promoviendo la educación del encuentro.

“Fomentar la cognición social en tiempo de distanciamiento social. Creo que es el desafío global más grande que tenemos ahora”, asegura Waisburg, “Estos encuentros exponencian emociones positivas en los chicos; ese sentir que hay muchos en diferentes situaciones, pero que pasan por lo mismo, y que es posible apoyarse en eso, me parece que solo aporta a lo positivo y al bienestar”, concluye.

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