Los viajeros internacionales que lleguen a partir de hoy al Reino Unido deben guardar una cuarentena obligatoria de 14 días a fin de evitar nuevos brotes de coronavirus procedentes del extranjero.


Aquellos que se salten la medida serán sancionados en Inglaterra con 1.000 libras de multa (unos 1.107 euros), según anunció el pasado 22 de mayo la ministra británica de Interior, Priti Patel, aunque Escocia, Gales e Irlanda del Norte -el resto del Reino Unido- han establecido sus propias sanciones.

A su llegada al país vía avión, tren o ferry, los viajeros, incluyendo a los ciudadanos británicos, deben cumplimentar un formulario en el que tienen que proporcionar sus datos de contacto, como la dirección en la que pasarán la cuarentena y su teléfono de contacto.

La medida, que el Ejecutivo revisará cada tres semanas, contempla que agentes británicos realizarán visitas domiciliarias aleatorias para vigilar que esa norma se cumple.

Estarán exentos quienes lleguen desde la República de Irlanda, las Islas del Canal y la Isla de Man, así como algunos trabajadores, como sanitarios, transportistas y temporeros contratados para la agricultura.

También se recomienda a los viajeros que lleguen al Reino Unido a partir de hoy que conduzcan su propio vehículo hasta su lugar de destino, siempre que sea posible y, que una vez allí, no empleen transporte público ni taxis.

Durante la cuarentena, esas personas no podrán ir a trabajar, al colegio -en el caso de los menores- a lugares públicos ni recibir visitas.

El consejero delegado de la aerolínea de bajo coste Ryanair, Michael O’Leary, tildó la medida de «engaño político».

En declaraciones a la BBC, O’Leary opinó que «cualquiera podría estar en el supermercado, en la playa o jugando al golf en el improbable caso de que te llamara el ministerio de Interior. Todo lo que necesitas en un teléfono móvil». EFE

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