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El 23 de julio de 1977 falleció en Buenos Aires, Argentina el "Paraguayo de Oro", Arsenio Erico, considerado como el mejor futbolista paraguayo de todos los tiempos.


No es para menos, es el máximo goleador en la historia del fútbol argentino: 295 goles en su haber, en su mayoría vistiendo la casaca del Independiente de Avellaneda, entre los años 1930 y 1940.

Con apenas 15 años fue jugador de primera de Nacional de Paraguay. El destino le tenía marcado, que su futuro era la Argentina.

Fue llamado a integrar el ejército paraguayo, en estado de beligerancia. Sin embargo, un jefe militar, hincha fanático de Nacional, entendió que Erico, debía volver a su hogar. Y así fue como integró una selección paraguaya para recaudar fondos para los soldados heridos durante la contienda entre hermanos de Paraguay – Bolivia.

Arsenio Erico, por su condición natural, llamaba la atención e Independiente de Avellaneda marcó su trayectoria de vida. En aquella institución, a fuerza de goles, ganó fama, respeto y consideración. A tal punto que recibió la propuesta de nacionalizarse argentino para vestir la camiseta albiceleste, a cambio de una importante suma de dinero. El goleador humilde y digno respondió que el «era paraguayo» y que como tal no podía aceptar el ofrecimiento. El gesto del futbolista guaraní no hizo otra cosa que aumentar su fama.

Sus restos descansan en un mausoleo del estadio Defensores del Chaco. En su época de jugador así lo describían:

“Erico es diferente a todo lo que vi”. “Un jugador notable”. “Todo lo que engloban, sin exagerar cinco letras de Crack». “Para mí, un malabarista de circo, un artista. Perdón, un gran artista», Alfredo Di Stéfano.

«Su mejor arma era cuando saltaba. Les ganaba a los arqueros y metía todos los goles de cabeza». “Era un delantero imposible de marcar. Pero no sólo eso: también era todo un caballero…», Francisco Varallo, histórico goleador de la selección argentina.

«Él tenía, escondidos en el cuerpo, resortes secretos. Saltaba el muy brujo sin tomar impulso y su cabeza llegaba siempre más alto que las manos del arquero, y cuando más dormidas parecían sus piernas, con más fuerza descargaban de pronto latigazos al gol. Con frecuencia azotaba de taquito. No hubo taco más certero en la historia del fútbol. Cuando Erico no hacía goles, los ofrecía servidos a sus compañeros», Eduardo Galeano, escritor uruguayo.

Apodos: 

El Saltarín Rojo, El Paraguayo de Oro, El Hombre de Mimbre, El Hombre de Goma, El Semillero de Avellaneda, El Mago, El Aviador, El Duende Rojo, El Diablo Saltarín, El Rey Del Gol, Mistergol, El Hombre de Plástico, Virtuoso, El rey del sable, El Hombre bala y trampolin de america.

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