Sudáfrica ha registrado un récord de 572 muertes por coronavirus en las últimas 24 horas transcurridas hasta este miércoles, con lo que el total de fallecimientos se acerca a los 6.000, informó el Ministerio de Sanidad sudafricano.


«Lamentablemente informamos de 572 nuevas muertes relacionadas con la COVID-19. Esto lleva el número acumulado de muertes a 5.940», afirmó el ministro sudafricano de Sanidad, Zweli Mkhize, en un comunicado.

«Enviamos nuestras condolencias a los seres queridos de los difuntos y damos las gracias a los trabajadores sanitarios que trataron a los fallecidos», señaló el ministro.

Las autoridades han contabilizado 394.948 casos y 229.175 recuperaciones hasta la fecha, tras realizar más de 2,5 millones de test de detección en el país, que tiene algo más de 58 millones de habitantes.

Estas cifras colocan a Sudáfrica no sólo como el país más castigado por la pandemia de toda África (acumula en torno a la mitad de casos africanos), sino como el quinto con más contagios de todo el mundo, por detrás de Estados Unidos, Brasil, India y Rusia.

Casi la mitad del número total de muertes se han registrado en la provincia del Cabo Occidental (donde se halla Ciudad del Cabo), mientras que la mayoría de los casos positivos se han detectado en la provincia de Gauteng.

Así, el epicentro de la COVID-19 en Sudáfrica -y, por tanto, en el continente- es Gauteng, donde se sitúan Pretoria (capital del país) y Johannesburgo (motor económico sudafricano).

Sudáfrica ya mostraba tendencias preocupantes desde hacía meses, pero la pandemia se volvió especialmente virulenta tras la reapertura de la economía, el pasado 1 de junio.

Las predicciones de los máximos epidémicos, sin embargo, continúan aún lejos, ya que los expertos no vaticinan que el país empiece a doblegar la curva hasta el mes de agosto.

De hecho, el Gobierno sudafricano reinstauró este mes algunas restricciones para paliar el rápido avance del virus.

Se impuso un toque de queda nocturno y se volvió a prohibir la venta y distribución de alcohol, medida con la que el Ministerio de Sanidad calcula que se evitarán unos 6.800 casos de atención médica (por violencia, accidentes, etc.) en las próximas semanas.

El objetivo es aligerar la tremenda carga que soporta el sistema sanitario sudafricano y que está resultando ya en hospitales saturados, especialmente en Gauteng por el fuerte aumento de casos y en Cabo Oriental -provincia más pobre del país- por falta de medios.

Pese a las inquietantes cifras, el Gobierno del presidente Cyril Ramaphosa descarta, por ahora, volver a un confinamiento duro como el que vivió el país entre finales de marzo y comienzos de junio, con una grave perjuicio para la economía. EFE

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