En la Penitenciaría Regional de Emboscada (Antigua), las pinturas de Cristian Daniel Ocampos (38) hablan por sí solas de su talento con el que se gana la vida. Desde allí reflexiona en una segunda oportunidad en la sociedad y busca ser un testimonio de reconversión para los jóvenes.


“Les voy a demostrar que cambié, que el penal me hizo cambiar”, expresa con convicción Cristian, una persona privada de libertad (PPL) aludiendo a quienes dejaron de confiar en él. Y desde su costado más sensible relata la dureza con que la vida le pegó cuando recuerda a sus padres que lo abandonaron y tuvo que recogerse al amparo de sus abuelos durante su niñez y adolescencia en una villa de Fernando de la Mora.

No alcanzó a terminar la primaria, pero inclinado hacia el dibujo y la pintura, creó sus primeros cuadros con solo 13 años. Ya después pudo apuntarse a estudiar en la facultad de Bellas Artes, realizar algunas exposiciones con destacados artistas y convertirse en artista callejero, justo al pie del Panteón capitalino donde los transeúntes le compraban, pero un día puso en riesgo lo ganado y, las drogas y la delincuencia se hicieron una constante en su vida tropezando una y otra vez.

Lo sentenciaron a ocho años tras las rejas y terminó perdiéndolo todo, hasta a su pareja e hijo. Intramuros, quitó agallas y se reafirmó en el arte como una herramienta de reinserción pintando animales o paisajes naturales intensos de color con los que se identifica para venderlos a un precio de entre 15.000 a 20.000 guaraníes.

Hoy alejado de las drogas, Cristian se siente un hombre nuevo perfeccionando sus obras de arte y hasta ya tiene un discípulo, también privado de libertad. Sueña con volver a exponer en libertad con los retazos de imágenes del penal, pero por, sobre todo, dejar su testimonio personal para los jóvenes sobre las sendas por las que nunca deben transitar porque “nadie sabe lo que es un penal hasta que está allí”, afirmó al finalizar la nota.

Fuente: Ministerio de Justicia

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