Brasil registró 366 muertes vinculadas a la COVID-19 en el último día y acumula 120.828 fallecidos en total, según informó el Gobierno este domingo, que dejó escenas de playas llenas de bañistas en Sao Paulo y Río de Janeiro, dos de las regiones más golpeadas por la pandemia.


De acuerdo con el boletín del Ministerio de Salud, el número de infectados llegó a los 3.862.311 en el país, tras sumar 16.158 nuevos positivos en las últimas 24 horas.

Este domingo fue el cuarto día consecutivo por debajo del millar de muertos diario, aunque las cifras durante los fines de semana suelen ser inferiores debido a la menor actividad de organismos públicos y laboratorios.

En un primer momento, el Ministerio de Salud informó de 566 óbitos por coronavirus en el último día, pero poco después redujo esa cifra hasta los 366. Esa diferencia se sumó, sin embargo, al balance del sábado con lo que el número diario de muertes registrado ese día fue de 958 y no 758 como reportó la cartera al principio.

En números absolutos, Brasil es el segundo país más azotado por la pandemia, solo por detrás de Estados Unidos, y seis meses después del primer caso, registrado el pasado 26 de febrero, el virus sigue descontrolado en algunas regiones del territorio nacional.

La tasa de mortalidad por la enfermedad en el país, que cuenta con una población de 212 millones de habitantes, se sitúa ahora en los 57,5 óbitos por cada 100.000 habitantes.

Las autoridades sanitarias investigan además otros 2.772 decesos que podrían haberse ocasionado por la enfermedad.

Por otro lado, el número de pacientes recuperados se elevó hasta los 3.031.559, lo que supone el 78,5 % del total de infectados.

Animados por las buenas temperaturas de este domingo, cientos de bañistas coparon las playas en Sao Paulo y Río de Janeiro, los dos estados brasileños más afectadas por la pandemia en número de óbitos (29.978 y 16.027, respectivamente), pese a las restricciones sanitarias aún vigentes.

La solución para poner fin a la emergencia sanitaria parece estar unida a la aparición de una vacuna.

La alta incidencia de la COVID-19 ha transformado Brasil en el laboratorio mundial de pruebas, pues en el país ya se realizan ensayos clínicos en humanos de cuatro vacunas.

La Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) informó además que trabaja para reducir los plazos de registro de una eventual vacuna con la idea de aprobarla en hasta 60 días, una vez reciban toda la documentación necesaria.

POLÉMICA VISITA DEL GOBIERNO A REGIÓN CON INDÍGENAS AISLADOS

De acuerdo con el último boletín de la Secretaría de Salud Indígena (Sesai), vinculada al Ministerio de Salud, 377 indígenas han muerto en Brasil por la COVID-19, mientras que 22.923 han sido contagiados.

Los números del Gobierno no tienen en cuenta las muertes y positivos de indígenas en áreas urbanas, por lo que las cifras podrían ser mayores.

Además, en los últimos días ha surgido una nueva polémica después de la visita de una delegación oficial encabezada por el misionero evangélico Ricardo Lopes, quien está al frente del órgano estatal que cuida de los indígenas no contactados, a la región del Vale do Javari.

El Vale do Javari está situado en el estado de Amazonas, cerca de la frontera con Perú, y allí se concentran las mayores poblaciones de indígenas aislados del mundo.

Según la Fiscalía, la comitiva de Lopes pretende adentrarse en el interior de este territorio y visitar algunas bases donde se encuentran los profesionales que lidian directamente con indígenas de reciente contacto, algo que puede poner en riesgos a estas poblaciones extremadamente vulnerables a nuevas enfermedades.

La Unión de los Pueblos Indígenas del Vale do Javari condenó en una nota la presencia de Lopes, cuyo nombramiento llegó a ser suspendido por la Justicia por sus vínculos religiosos, y aseguró que ésta responde a «juegos políticos» para «ofertar cargos públicos a indígenas». EFE

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