Una revisión independiente considera poco probable que la enfermedad esté asociada a la vacuna o que, al menos, no hay pruebas suficientes para asegurarlo


El ensayo de la vacuna contra el covid-19 que la farmacéutica AstraZeneca está desarrollando en colaboración con la Universidad de Oxford ha sufrido un nuevo revés. Días después de que la fase 3 se interrumpiera hasta aclarar si el diagnóstico de mielitis transversa en una de las voluntarias que probaban el producto en Reino Unido estaba relacionado con las inyecciones, una nueva paciente sufrió «problemas neurológicos» en el mismo país.

Según revela ‘The New York Times’, que cita a fuentes cercanas a la investigación, el segundo caso se habría producido a principios de este mes y todo parece indicar que se trataría también de mielitis transversa, una afección causada por la inflamación de la médula espinal, lo que provoca daños en el revestimiento de las células nerviosas. La diferencia con respecto a la primera afectada es que en esta ocasión la paciente habría enfermado tras suministrársele la segunda dosis.

«Después de una revisión independiente, se ha considerado poco probable que estas enfermedades estén asociadas a la vacuna, o bien que no hay pruebas suficientes para decir con certeza que las enfermedades estaban relacionadas o no con la vacuna», afirma AstraZeneca en una nota informativa compartida con los pacientes el pasado 11 de septiembre. «En cada uno de estos casos, después de considerar la información, los revisores independientes recomendaron que continuaran los ensayos de la vacuna. Se realizará un seguimiento estrecho de las personas afectadas», prosigue el texto.

De acuerdo con el periódico estadounidense, algunos expertos muestran preocupación ante una posible falta de transparencia en el desarrollo de la vacuna. Hasta ahora, unas 18.000 personas en todo el mundo han recibido la solución de AstraZeneca. Después de las últimas complicaciones, los estudios se han reanudado en Gran Bretaña, Brasil, India y Sudáfrica, pero todavía permanecen suspendidos en Estados Unidos.

La gran esperanza europea

La paralización del ensayo de la vacuna de Oxford y AstraZeneca hizo contener la respiración a las autoridades europeas, que esperaban comenzar a vacunar a finales de este año o principios del que viene. Las pruebas se retomaron con el beneplácito de la Autoridad Reguladora de la Salud de los Medicamentos en Reino Unido y el freno de la farmacéutica ante la aparición de «una enfermedad potencialmente inexplicable» se interpretó como una confirmación de la seguridad del proceso.

No obstante, las dudas generadas en el camino han hecho mella en la opinión pública. Aunque un 44% de los ciudadanos españoles estaría dispuesto a vacunarse, según el CIS, el porcentaje de los que no lo harían es muy similar: un 40,3%. La cifra alcanza casi el 50% entre los jóvenes de entre 25 y 34 años. Sin la confianza mayoritaria de la población, el objetivo de asegurar la inmunidad y derrotar al SARS-CoV-2 se antoja difícil.

Fuente: El Confidencial 

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