Desde la Dirección de Vigilancia de Enfermedades No Transmisibles se recuerda que la alimentación saludable es la principal fuente de energía para vivir, estar sanos y desarrollar correctamente todas las actividades. Garantiza el crecimiento y desarrollo de todas las personas, así como el bienestar físico, mental y social en todas las etapas de la vida.


Catherine Turnes, nutricionista y coordinadora técnica de Vigilancia de Enfermedades No Transmisibles refiere que la alimentación, además de ser saludable y nutricionalmente adecuada, debe ser sostenible, contribuyendo a cuidar el medio ambiente, promoviendo el consumo responsable, priorizando alimentos poco procesados, locales y de temporada.

La profesional reconoce que esta pandemia pudo alterar muchos factores relacionados a la alimentación saludable: el aumento de precio en ciertos alimentos, el aislamiento social, así como el aumento del estrés y/o la ansiedad, generando cambios de hábitos.

“En esta época debemos ser más conscientes de la gran importancia de una alimentación saludable para que el sistema inmunológico funcione correctamente y se encuentre lo más equilibrado y “preparado”, ante el posible ingreso de algún agente infeccioso como el virus que ocasiona el coronavirus. Si bien, ningún alimento puede evitar o curar la enfermedad, tener una alimentación saludable es un factor fundamental para reforzar nuestro sistema inmunológico”, asegura Turnes.

¿Qué le sucede al cuerpo cuando no recibe una alimentación saludable balanceada?

De acuerdo a lo descrito por la nutricionista, cuando el organismo no recibe todos los nutrientes que necesita a través de la alimentación, se altera su normal funcionamiento y puede sufrir desequilibrios que ocasionan diferentes enfermedades o problemas de salud.

En el caso de la obesidad existe un desequilibrio energético que se produce al consumir más calorías de las que se gastan (por medio del movimiento o actividad física). Esta enfermedad a su vez, predispone a desarrollar otros problemas de salud como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares e incluso ciertos tipos de cáncer.

Si bien la obesidad es una enfermedad multifactorial (multicausal) en la que intervienen factores genéticos, culturales, sociales y ambientales; existe evidencia de que los factores modificables como los relacionados al estilo de vida de una persona, representan más del 50% de los factores desencadenantes de esta enfermedad.

Situación de Paraguay con respecto al exceso de peso

Actualmente, el sobrepeso y la obesidad representan uno de los grandes problemas de salud pública que afecta a gran parte de nuestra población.

Datos de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo del 2011 revelan que el 34,8% de la población tenía sobrepeso y el 23,2% obesidad. La proporción de sobrepeso se incrementa conforme aumenta la edad. En términos simples, 6 de cada 10 personas en nuestro país tienen exceso de peso.  

Con respecto a los factores de riesgo para la obesidad y las Enfermedades No transmisibles, en nuestro país se observa un bajo consumo de frutas y verduras. En promedio, el 85% de la población no cumple con la recomendación de consumo de 5 porciones al día de frutas y verduras para mantener una buena salud. Así también, se observa una alta prevalencia de inactividad física en el tiempo libre (75%). También se registra un alto consumo de sal en la población (13,7 gr/día) casi triplicando la recomendación de la Organización Mundial de la Salud que es de 5gr/día (equivalente a una cucharadita de té).

Cada día podemos tomar decisiones más saludables relacionadas a nuestra alimentación, por ejemplo:

• Preferir alimentos locales y de temporada. La naturaleza es sabia y en cada época del año nos brinda los alimentos con todas sus propiedades y nutrientes. Por ejemplo, la primavera es una estación alegre y colorida, pero también es la época donde las alergias son más frecuentes.

En esta estación encontramos frutas y verduras ricas en vitaminas y minerales como la naranja, mandarina, frutilla, calabaza, remolacha, zapallo, lechuga, entre otros que se encuentran en su punto justo y a un precio más accesible. Podemos armar nuestro menú semanal en base a los alimentos locales y de temporada. De esta forma también apoyamos la producción nacional y la economía local.

• Planificar las comidas. Prepararemos un menú semanal, y para ello, una lista de los alimentos que necesitamos antes de ir al lugar donde los compramos. De esta manera evitamos comprar de más y reducir posibles desperdicios alimentarios.

• Reducir el consumo de alimentos procesados, ultraprocesados y bebidas azucaradas. Existe evidencia de que el consumo de estos alimentos con alto contenido de azúcares, grasas y sal, se asocian al el desarrollo de obesidad y otras enfermedades no transmisibles. Si bien, muchas veces estos alimentos son más baratos, es importante tener en cuenta que al final, el verdadero costo se refleja en la propia salud del consumidor.

• Siempre que sea posible, preparemos nuestros propios alimentos. Elijamos alimentos naturales y de ser posible involucremos a los niños en este proceso, de manera a motivarlos a conocer más sobre los alimentos y a probar nuevas comidas más saludables. 

Fuente: Ministerio de Salud

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