En medio de los muchos proyectos internacionales que intentan dar con la vacuna del coronavirus, y ante las complicaciones que registraron los ensayos más avanzados, como el de Johnson & Johnson y AstraZeneca, hoy la revista Nature informó que investigadores británicos preparaban un experimento en el que infectarán a voluntarios sanos con Covid-19 para estudiar la enfermedad, con la esperanza de acelerar el desarrollo de una solución.


El programa, descripto como un ensayo de desafío, es arriesgado, pero sus promotores señalaron que podría producir resultados más rápido que el enfoque habitual, que es esperar para ver si los voluntarios que recibieron un tratamiento experimental enferman. En este contexto, el gobierno del Reino Unido se prepara para invertir 43,4 millones de dólares en el estudio.

«El experimento, que comenzará en enero en un hospital de Londres si recibe la aprobación reglamentaria y ética final, tiene como objetivo acelerar el desarrollo de vacunas que podrían poner fin a la pandemia», indicó la revista, que además afirmó que los ensayos de provocación humana funcionaron para proporcionar información sobre enfermedades como la malaria y la influenza.

Pero el dilema está en la ética. Mientras que los defensores de este tipo de ensayos argumentaron que pueden realizarse de forma segura, y que su potencial para identificar rápidamente vacunas eficaces supera los bajos riesgos para los participantes; otros plantearon dudas sobre la seguridad y el valor de estos estudios. Asimismo temen que los voluntarios se acerquen al proyecto solo por cuestiones económicas, para recibir el dinero que se paga, y no comprendan del todo a lo que se exponen.

Por su parte el Imperial College London dijo que el estudio, en el que participarán voluntarios sanos de entre 18 y 30 años, se realizará en colaboración con el Departamento de Estrategia Industrial, de Energía y Negocios, el Royal Free London NHS Foundation Trust y hVivo, una empresa que hizo pruebas diagnósticas del virus.

El profesor Peter Openshaw, coinvestigador del estudio, señaló que «infectar de forma deliberada a voluntarios con un patógeno humano conocido nunca se hace a la ligera. Sin embargo, estos estudios son tremendamente informativos sobre una enfermedad, incluso una tan bien estudiada como el COVID-19».

En la primera fase, los investigadores intentarán determinar el nivel más pequeño de exposición necesario para provocar la enfermedad. Después, utilizarán ese modelo para estudiar cómo actúan las posibles vacunas en el organismo, la respuesta inmune del cuerpo y posibles tratamientos.

El estudio mejorará la comprensión del virus y ayudará a tomar decisiones sobre investigación, indicó Kate Bingham, que dirige el equipo del gobierno británico encargado del desarrollo de vacunas. «Hay mucho que podemos hacer en términos de inmunidad, la duración de la protección de vacunas y reinfección», dijo en un comunicado.

El ensayo inicial involucrará a un estimado de 30 a 50 participantes. Si bien aún no está cerrado el diseño preciso del estudio, es probable que comience con un pequeño número de participantes, que recibirá una dosis muy baja de una cepa de SARS-CoV-2 derivada de un virus que circula actualmente y cultivada en condiciones estrictas. Si ninguno o pocos de los participantes se infectan, los investigadores buscarán el permiso de una junta de monitoreo de seguridad independiente para exponerlos a dosis más altas. Este proceso se repetirá hasta que los investigadores identifiquen una dosis que infecte a la mayoría.

Una vez identificada una dosis adecuada, comenzaría una serie de pruebas de desafío para testear varias vacunas.

Los voluntarios serán tratados con un antiviral, como remdesevir, una vez que el hisopado nasal dé un resultado positivo. Además de la edad y la salud, los participantes serán evaluados en busca de factores de riesgo asociados con Covid-19 grave.

Fuente: Agencia IP

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