jueves, 09 de septiembre de 2010
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Tema y Trama

Un año y medio más tarde

 

Este relato se ubica en el ardiente verano paraguayo. Esos tres meses en que uno bien invoca el poema de Paul Celan:

“Puedes tranquilamente /

agasajarme con nieve, /

las veces que atravesé el verano/

hombro con hombro con la mora blanca, /

grito su última hoja”.

 

En la calurosa tarde del 10 de marzo de 2008, Filemón Meza, se viste con camisa blanca y jeans, su traje de dirigente de la seccional 45 de la Capital. Él milita en política desde adolescente, es de extracción humilde. Confiesa que es huérfano de padre desde los cinco años, ex lustrabotas y actualmente abogado.

 

Meza será el artífice de esta historia rocambolesca que revolucionó el local de la Junta de Gobierno, una noche del verano ya desfalleciente.

 

En la calle 25 de Mayo, el Partido Colorado organizaba el inicio oficial de la campaña de la Lista 1, con todos los candidatos. El presidente Nicanor Duarte, Blanca Ovelar de Duarte, José Alberto Alderete, y el “reincorporado” Julio César Velázquez empezaban a rugir por la necesidad de unir a todos los colorados para enfrentar el peligro que representaba la posibilidad de caer del poder al mes siguiente. “Seremos perseguidos como judíos, terminaremos en las mazmorras”, decía entre otras cosas Nicanor.

 

Ya en el recinto, Filemón cae en la cuenta de que no está presente ninguno de los candidatos de Vanguardia Colorada, el movimiento que pugnó las elecciones internas con Blanca O. Duarte, casi un trimestre atrás. El abogado observa varias sillas vacías en el patio de la Casa de los Colorados.

 

Siempre habrá vasos vacíos,

con agua de la ciudad

la nuestra es agua de río

mezclada con mar

 

A Filemón lo habían convocado para una “reunión de delegados”, por eso estaba allí, representando al Barrio Obrero, específicamente, al sector de Roberto L. Pettit. 

 

Una vez asumida la sorpresa, Meza entre miradas cómplices y comentarios por lo bajo de sus correligionarios se da cuenta de que se respira en el ambiente la necesidad de un reclamo pendiente. La candidata no era militante, ni siquiera de extracción colorada, no había cuajado entre las “bases”, según algunos dirigentes oficialistas, que consideraban que la idea de un cambio de fórmula seguiría en la mesa hasta que feneciera el plazo para hacer modificar las listas.

 

En el transcurso de la fiesta y en medio de rítmicos tambores y luces de bengala, Nicanor (Duarte) deja la mesa servida para que Blanca (Duarte) entre a discursear. A medida que la candidata hablaba, la apatía se iba apoderando de la platea durante los 15 minutos que duró su oratoria, hasta que Filemón pide la palabra, Blanca O. iba finalizando su intervención y le cede la palabra: “Adelante”, le dice ella, pensando que a continuación escucharía loas a la mujer paraguaya, según ritual republicano. Pero grande sería la sorpresa de la presidenciable Duarte, del entonces Presidente Duarte y de toda la plana mayor de la Asociación Nacional Republicana, ANR.

 

Filemón Meza, consciente de los riesgos que corría, se anima a lo imposible, creyéndose apoyado por los amigos. Y se presenta, primeramente, como delegado por la Seccional 45. Diciéndoles a continuación a los Duarte: que la estrella del partido estaba todavía impecable y radiante, pero amenazada de ensuciarse de manera memorable, si el partido caía luego de más de medio siglo en el poder. Les recordó que hasta ahora se habían venido salvando de las injurias de los opositores y hasta ahora habían venido conquistando la preferencia del electorado. Sin embargo, la alianza que se pretendía sellar en medio de esa fiesta bullanguera, para dirigir el triunfo del partido, no se podía hacer excluyendo al sector ausente. Pues ellos habían sido votados por una gran fracción de colorados, que no merecían que se les traicione en su sentimiento popular, so pena de que el proceso acabe mal. “Si se abofetea al electorado, la historia colorada recordará el atentado social sufrido bajo el paraguas de ustedes, de los Duarte” dijo el político, remarcando al mismo tiempo que hablaba para decir la verdad, fuerte y clara. “!Es mi obligación!”, exclamó, “!no quiero en mi conciencia nuestra estrella blanca manchada!. Por eso pido con todas mis fuerzas, porque estoy convencido de lo que dicen las encuestas. ¡Y a quién voy a decirle las cosas si no es a usted, señor Presidente! ¡Porque el "jefe de campaña" no entiende! Nos está llevando a la llanura, hay que salvar al Partido cambiando la chapa presidencial. No solo lo pido, lo exijo.”, vociferaba  : “¡Nos estamos matando!.” Refiriéndose a los intensos rumores de fraude en las internas. “No podemos quedarnos con los números de las encuestas en la mano, y solo por debilidad caernos en el abismo!,” se enardecía cada vez más Meza. “En abril ya no va a servir el fanatismo, ni la tradición, ni la creencia de que somos invencibles. Con decir nomás que hay una campaña repugnante en nuestra contra, con decir eso nomás, no vamos a completar los votos, ni convencer a los votantes.” Filemón como poseído dijo finalmente: “La verdad nos va a limpiar el camino, si no la tormenta va a estallar. Le pido que se cambie la chapa presidencial, que revisen su actitud. ¡No podemos suicidarnos!”.

 

Un largo silencio, mezcla de estupor y rabia, se apoderó de los presentes en el recinto colorado. El patio de honor de la Junta era un cementerio, con Blanca en blanco, y los ministros y legisladores oficialistas sorprendidos. Hasta que Nicanor reacciona y rompe la conspiración silenciosa de su alrededor. “¡Eso nunca!", y lanza varios improperios contra el abogado colorado. Y a continuación se inician débiles abucheos encabezados por los propios Duarte.  

 

“¡Eso nunca, eso nunca, ni nunca!”, gritaba enfurecido el Duarte varón. La batucada oficialista reaccionó y rechifló a Meza. La Duarte mujer se sumó al abucheo vía micrófono. Entonces el Presidente le vociferó a Blanca O. algunas palabras y dio un empujón al candidato vicepresidencial, Carlos María Santacruz para que aparezca a lado de la candidata.  "Es un infiltrado del P-Más", se limitó a decir Santacruz.

 

"No vamos a permitir a los manipuladores", gritó desesperada la presidenciable, acusando de traición a Filemón y condenándolo ante la mirada de todos los presentes.

 

 

 

El acto, por supuesto, se interrumpió abruptamente. “Las internas ya terminaron, el pueblo ya dio su veredicto, nunca cambiaremos la chapa”, fue lo último que se le escuchó decir a Blanca O..

Levanta los brazos mujer

y ponte esta noche a bailar

que la nuestra es agua de río

mezclada con mar.

 

Pero aunque el sobresalto fue feroz, los Duarte no iban a retroceder, pues sentían que eso era perder autoridad, la que tanto les costó conquistar desde su Concepción y Cnel. Oviedo natal, respectivamente.

 

Tras su pedido, Meza se sentó, esbozó una sonrisa para las cámaras, pero la polémica enardeció al ambiente y se desencadenaron las agresiones. Apenas se quedó en el lugar unos 3 a 4 minutos, y luego tuvo que retirarse raudamente en medio de los gritos, chorros de agua y algunas patadas de los oficialistas. El público por fin reaccionó y quiso linchar a Filemón que se retiraba por la cantina de la ANR y escapaba, pero fue alcanzado en las altísimas gradas de la Junta. Ahí fue agredido con botellas, baldes de agua, latitas de cerveza y palos de banderas. Corría, mientras le tiraban de todo. Aquella era una película de la decadencia interna del Partido Colorado, a 40 días de las elecciones.

 

Ya fuera de la Junta, Meza fue perseguido por varios de sus correligionarios, integrantes de la batucada y la policía. Horas después, indicaría: "Corrí porque me iban a linchar, tuve que correr 5 cuadras. Yo no hice para ganar protagonismo”.

 

Meza ganó la fama por su intrepidez, por la osadía cometida, así como por su violenta expulsión de “la Casa de los Colorados. Y no fue porque el contenido de su grito fuera ultranovedoso, sino porque resultó revelador. Al punto que todo cambió, Filemón sorprendería al país con su audaz actitud, la Junta ya no iba a ser la “Junta” y el partido perdería el poder desde el poder.

 

 Hoy, las cicatrices del 20 de abril de 2008, aún están sangrantes para muchos, especialmente para las familias coloradas. Pero, lo sombrío de este 11 de septiembre, será cuando los políticos y simpatizantes  de la ANR, vayan a reunirse en celebraciones por el aniversario, lo harán en un lugar donde no-se-acabó-de-hablar.

 

En vez de revisar, por ejemplo, aquella noche de marzo, los manifestantes se limitarán a participar por las periferias del acto. Ahí solo estarán  presentes las primeras huellas del maderamen de un futuro para armar.

 

Hubo demasiados conflictos, es cierto.  Las internas –que se confunden con las necesidades del Congreso, la Justicia, las Bases, la Juventud, las Mujeres y las Municipales- ensombrecieron la esperanza inicial de que la llanura sería un espacio de reflexión, y no se convertiría solo en vendas nuevas para las heridas del año pasado.

 

2009-09-11 | Comentarios 0 | Visitas 1140

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