domingo, 23 de noviembre de 2014
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"Adriana: Mi sitio de FACEBOOK por poco me lleva a la muerte"

¡Fiat luz! ¡Se hizo la luz! Gracias mil a Pedro Pablo, a quien cariñosamente le decimos “Leche en polvo”, amigo de la escuela, que reside en España, el haber servido de nexo para contactar con Adriana, y, a su vez, poder revelar parte de su aterradora historia, que ofrece un triángulo geográfico: Italia, España y Turquía. “Me arrepiento”, asegura, “me arrepiento tremendamente, pero quiero contar para que otras chicas, y no solo chicas, puedan evitar la situación que en la que me vi envuelta”. Esta entrevista, concretada vía internet, muestra, reitero, un fragmento del calvario que le incumbió; la conversación virtual, que a continuación traduzco, según lo expresado, en contenido y forma, por mi interlocutora, es apenas un capítulo de las vilezas, a las que fue sometida, deslumbrada por los sitios web, que pululan en la web, y ofrecen parejas sentimentales a los que padecen “sequía de amor”. “Gracias a Radio Ñandutí por el acercamiento”, finalizó. “Gracias a ti por tu sinceridad y valentía”, concluí. Sirva la historia de Adriana para alertar, prevenir, llamar la atención, sobre los peligros que atañe a la red.

A los 18 años me casé con Gino, joven italiano, y me fui a residir a Roma. Lo conocí en Madrid, y fue el clásico amor a primera vista. Me propuso matrimonio y no lo pensé 2 veces. Como ya te dije, nos casamos, y me fui a vivir a Roma. La capital italiana se abría ante mí con toda su historia. Me maravillé conociendo la Casa de las Vestales, la iglesia de Santa María de los Mártires, la archibasílica de San Juan de Letrán, la fuente de Trevi, el Coliseo, la basílica de San Pedro en el Vaticano…

En un principio todo fue bonito; los 2 primeros años fueron color rosa, luego, y paulatinamente, comenzaron los problemas. Gino, por la crisis, perdió el trabajo, y todo comenzó a derrumbarse, y lo que era color rosa fue tomando tonalidades oscuras. Desesperado, Gino, se refugió en el alcohol, y dejó de ser un hombre amable y cariñoso, para convertirse un demonio. ¡No imaginas lo que sufrí! Me pegaba, constantemente, me maltrataba de palabras… En fin, mi vida se convirtió en un infierno. Por mucho que luché por mantener mi matrimonio, me fue imposible. Por eso me divorcié, y regresé a España.

Ya en España, y con el recuerdo vivo de Gino, decido rehacer mi vida, a quien, a pesar de todo, aún amaba, pero los 25 años de existencia reclaman un reordenamiento espiritual. En casa tenía el ejemplo de mi hermana, María Sol, que había conocido a su esposo, a través de Facebook, y estaba felizmente casada. Yo quise hacer lo mismo, y comienzo a hurgar en Internet, iniciando la búsqueda de mi anhelado príncipe azul. María Sol, que entonces tenía 23 años, había encontrado la dicha gracias a la web, y para mí no tenía porqué ser distinto. Muchos son los sitios que promueven las relaciones personales y sentimentales. Orkut, Facebook… Yo comencé por ubicar mi perfil en cada uno. Lo hice ingenuamente, lo hice, sin imaginar que encaminaba mis pasos hacia una verdadera pesadilla.

Rápidamente Cuneyt llamó mi atención. Cuneyt que dice ser turco, tener 36 años, ser un hombre tierno, romántico, delicado, acostumbrado a la familia… Cuneyt que, de momento se mostraba como el candidato perfecto para ser el sustituto de Gino. Inicialmente nos comunicábamos a través de la mensajería electrónica, y para mí fue muy grato corroborar, lo que Cuneyt proyectaba en sus perfiles web. Frases colmadas de elogios, amor, sinceridad, fueron provocando en mí sentimientos de antaño.

Cuando se produjo la primera llamada telefónica, Cuneyt no mostró la dulzura acostumbrada. Su timbre fue hosco hosco, rudo, aunque no violento.

-       Estoy nervioso de hablar contigo, mi amor, comprende que es la primera vez. Además, mi español es bien escaso.

Fue la excusa que me ofreció ante mi duda.

Tras otro intercambio de correos electrónicos, surgió la invitación.

-       ¿Quieres venir a Turquía?

Para mí era una tentación conocer Turquía. Anhelaba palpar personalmente, por ejemplo, la Basílica de Santa Sofía, sita frente a la Mezquita Azul, o el Palacio Topkapi, y si todo lo resumía el amor de Cuneyt, pues mucho mejor.

-       Acepto.

-       Lo preparo todo y te comunico.

-       Todos los gastos irán por mí.

-       No, no es necesario. Si bien es cierto que ni situación no es muy boyante, al menos puedo pagarme el boleto de viaje. No es tan caro volar de España a Turquía.

No era fácil para mi familia aceptar que me marchaba tras los pasos de un desconocido, en un desconocido país. Tras la experiencia de Gino no lo iban a permitir, por eso acudí a la mentira, con la ayuda de una gran amiga, a la que le confié mis verdaderos propósitos.

-       Voy con Karla; le invitó a casa de sus abuelos.

A pesar de que todo estaba decidido y organizado, algo de duda me asaltaba. Reconocí, en todo momento, lo arriesgado de mi acción, aunque alejé, en todo momento, los malos pensamientos, aduciendo que no existían motivos para fracasar; sin embargo, los malos augurios comenzaron desde mi llegada a Estambul.

La perfecta apariencia, por así decirlo, que mi prometido, por así decirlo también, proyectaba en las imágenes de sus perfiles web, no era la que poseía en realidad. Un prominente abdomen, corte de cabello descuidado, mirada esquiva caracterizaban al verdadero Cuneyt que, con un ramo de flores, medio marchitas, me había recibido en la terminal aérea.

-       ¿Tienes hambre? Te invito a cenar.

Pero la invitación se convirtió en una frugal ingestión de pan con pescado en uno de los mercados más sucios de la ciudad.

-       No tengo dinero. Me robaron, por lo que desde ahora te digo que todos los gastos van por ti.

No quería creer lo que estaba escuchando y, aunque tarde, ya estaba arrepentida de haber ido tras mi amor virtual.

Mentiras, y mentiras, fui descubriendo en Cuneyt: No residía en Estambul, sino en una ciudad del interior; no tenía 36 años, sino 43; me confesó además que pasó 13 años en prisión por homicidio…

Quién verdaderamente era Cuneyt?

Nunca lo supe. Todo era muy confuso, sobre todo en el  violento carácter que me dio a conocer.

-       ¡Quítate la ropa!

-       No me propongas sexo. No quiero.

-       ¿Y a qué viniste a Turquía?

-       Mejor no continuamos juntos. Llevo 3 días evadiéndote. Demasiado tiempo.

Lo anterior fue propicio para que Cuneyt descargara su furia contra mi persona: Primeramente retuvo mis documentos, luego me obligó a descargar mis tarjetas de crédito, y antes de abandonarme, en un recóndito lugar, me golpeó salvajemente; tan salvajemente que no me atrevo a contar.

-       Si me denuncias te voy a matar. ¿Escuchaste?

¡No olvidada a Gino, sino que lo recordaba a cada momento!

No quiero ser extensa. Mi historia concluye de esta manera: Sin documentos, sin teléfono, y sin dinero fui socorrida por un taxista, que me trasladó hasta el consulado español en Estambul. Los funcionarios escucharon todo el relato, denunciaron a la INTERPOL a Cuneyt, y me regresaron a España. Fueron 5 días que, aunque quisiera, no he podido olvidar. Desconozco si Cuneyt fue detenido, solo sé que aún tengo miedo. Muchas veces sueño que viene a España a matarme, a cumplir lo que me prometió si lo denunciaba.

2012-02-20 | Comentarios 0 | Visitas 3583

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