Lo que pasó en Tacuatí, Concepción, reafirmó que el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) se mantiene más vivo que nunca. La atención que generó ésta semana de enero reposiciona el poder que tiene sobre la misma fuerza de seguridad. De nuevo, como quiso, movilizó a la prensa paraguaya, y produjo el efecto de atención, como desde hace años, sobre la opinión pública.


 Por Ignacio Martínez

Por encima de las discusiones; de la forma y fondo, de intenciones, interpretaciones, subjetividades, apetencias ideológicas y calificaciones, la realidad citada revela que el EPP -o en nombre del EPP- hay quienes encontraron la manera de generar dinero instalándose como un órgano que deja dolor y sangre, mediante la industria del chantaje, la extorsión y la miseria.

A los secuestros iniciales, la marca EPP logró sumar el valor agregado de la protección a otros ilícitos, como todo tipo de tráfico en varios departamentos, con lo que se reinventó en una lucrativa fábrica que produce millonarias sumas. Amén de que ganan adeptos, porque ordenan bajo dicho registro de nombre la distribución de víveres en zonas carenciadas, llegando incluso hasta la misma Asunción.
La inutilidad de éste Gobierno y de los otros que pasaron hicieron que el llamado EPP maneje, a su gusto y paladar, la agenda pública. La parsimonia del actual y los últimos presidentes hicieron que grupos criminales movilicen, desde hace años, sin ton ni son a las fuerzas de seguridad. El EPP, cuándo quiere, cómo quiere y dónde quiere, concentra y marca la agenda mediática.

Lo que vive el Paraguay no es nuevo. La delincuencia se incubó hace años. Dentro de una racionalidad, sin fanatismo de color y de cuestiones ideológicas, es posible coincidir que la marca EPP comenzó a visibilizarse bajo el gobierno de Duarte Frutos, que se perfeccionó con Lugo, que se mantuvo fuerte con Federico Franco y que está vivito y coleando hoy, actualmente, con Cartes.

Bajo los gobiernos citados se ordenaron, más de una vez, el estado de excepción. Se concedieron todo tipo de poder, vía Decreto incluso, al Poder Ejecutivo. Se hicieron todo tipo de ruido y promesas, sin embargo, en éste enero de 2018 vemos que no pasó nada. Los millonarios gastos que hicieron diferentes gobiernos no se compadecen con los pésimos resultados: Mucho gasto en Seguridad, más pobreza en el campo y la marca EPP más sólida con el paso del tiempo.
Duele decirlo, pero el Estado paraguayo hace tiempo vive coaccionado, extorsionado y amenazado por el EPP y otros grupos de delincuentes. La cadena criminal se realiza gracias al mayor aliado: la poca efectividad de la Seguridad Pública, incapaz de poner entre rejas a los bandidos. Conste que el Estado tiene la Ley y el mecanismo para defenderse ante sectores que siembran el miedo y trasmiten un poder superior que el propio Gobierno.

En la era satelital, en un mundo de alta tecnología, es difícil comprender por qué el EPP sigue jugando al escondite con la fuerza de seguridad, por qué marca la agenda nacional a toda la estructura nacional y por qué continúa dictando portadas y títulos a la prensa. Así las cosas, guste o no, la extorsión y el dolor son parte de la industria más prósperas del país. Lo dicho puede sonar a ironía o irresponsabilidad, pero tiene cercanía con una verdad cruel, que sigue dejando sangre y luto en las familias que viven en el suelo guaraní.

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