Día a día miles y miles de mujeres y niñas sufren violaciones y abusos sexuales dentro de una sociedad que no cuenta con políticas de salud pública y educativa que pueda protegerlas. El Paraguay, sin duda alguna, es uno de los mayores países afectados con esta problemática, que demanda un cambio radical o medidas alternativas para tratar de convivir y desarrollar un país más sano.


Por Andrés Pancani

«La semana pasada una niña de 14 años murió dando a luz en Paraguay. Quedó embarazada al ser violada por un hombre de 37 años, y falleció mientras los médicos le practicaban una cesárea de emergencia, en un intento desesperado por salvar su vida y la del bebé, luego de haber pasado varias semanas en el hospital por complicaciones relacionadas con el embarazo. “Su cuerpo no estaba preparado para un embarazo”, manifestó el director del hospital. El bebé sobrevivió».

Paraguay es uno de los países con mayores tasas de mortalidad a consecuencia de abortos ilegales practicados por mujeres menores de edad, cuyo promedio registra un 23 por ciento en el país, aunque es difícil asegurar una estadística concreta, ya que muchas de las muertes por abortos clandestinos suelen incluirse dentro de las causadas por toxemias –toxinas en la sangre–, hemorragias, sepsis –infección generalizada–, etc.   Además, según un informe de Tasas de Mortalidad Materna (TMM) en Latinoamérica, «el aborto es la primera causa de muerte materna», con una TMM de 170 por cada 100.000 nacidos vivos.

Las malas acciones judiciales reflejan la pésima acción de los fiscales y los desentendimientos en los organismos de protección y factores como la institucionalidad indebida e innecesaria hacia las niñas que en vez de protegerlas, las aíslan y obligan a tener embarazos forzados por violación.

Gran parte de la sociedad está siendo egoísta con mantener la ideas conservadoras que siguen perdurando y no nos damos cuenta de los ajustes y necesidades que demanda. Sé que muchas personas no estarán de acuerdo, pero es necesario manifestarse y mirar qué alternativas tenemos.

«Ninguna niña debe ser madre»

Considero que ninguna niña adolescente debe ser madre. Estoy de acuerdo y apoyo el «Derecho a la vida» como lo señala el Art. Nº4 de nuestra Constitución Nacional donde en un punto dice: «que toda persona será protegida por el Estado en su integridad física y psíquica».

Este apartado sin lugar a duda es pisoteado y en contra partida, día tras día se destrozan las condiciones de vida y sobrepasa la autonomía de ellas. No existe ninguna atención integral o protocolos que garanticen que la vida de una niña está primero. La voluntad de ellas son sometidas al yugo de lo que se cree correcto.

En las grandes sociedades del mundo no autorizan a matar niños, apuestan a salvar madres. Dice el científico Alberto Kornbilt que no es correcto decir que un embrión es una persona, desde el punto de vista biológico y social, ya que antes de las 14 semanas no hay actividad encefalográfica y tampoco siente dolor.

La Organización Mundial de la Salud dice que hay 47 mil mujeres que mueren por año por esta causa, donde el amplio porcentaje se da en los países tercermundistas. Los más desarrollados, son las naciones que superaron las necesidades básicas y donde tienen el consenso de que «toda mujer debe tener derecho a interrumpir voluntariamente su embarazo en las primeras 14 semanas de gestación», política establecida en cuanto a sustento científico y derechos humanos.

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Situación jurídica del aborto en el mundo.

Estas naciones cuentan con políticas de salud pública donde además se busca prevenir, proteger, reparar y erradicar las violencias en todas sus formas. Curiosamente en los países que adoptaron el aborto legal, seguro y gratuito; bajó drásticamente la mortalidad de las madres.

En contra de lo que todavía mucha gente cree, las tasas de aborto son más elevadas en aquellos países donde las leyes son más restrictivas y punitivas.

Las tasas de aborto son de 29 por mil mujeres en edad reproductiva en África y 32 por mil en América Latina, regiones en donde el aborto está severamente restringido en casi todos los países. En cambio, la tasa de aborto es de 12 por mil en Europa Occidental, donde existe un amplio acceso tanto al aborto como a la anticoncepción.

Penalizar el aborto no evita su práctica, pero sí provoca un aumento de ingresos hospitalarios por complicaciones y de muertes derivadas de procedimientos clandestinos e inseguros. En América Latina, por ejemplo, el 95% de los abortos se llevan a cabo en condiciones inseguras, con graves consecuencias para la salud de la mujer en términos de morbilidad y mortalidad.

Estas son algunas de las conclusiones del estudio realizado por investigadores del Instituto Guttmacher y la Organización Mundial de la Salud, publicado en The Lancet. A nivel mundial, el porcentaje de abortos realizados en condiciones de inseguridad sanitaria y jurídica ha aumentado de 44% en 1995 a 49% en 2008 –aunque solo suponen el 6% en el mundo desarrollado–. La OMS estima que las complicaciones derivadas de abortos en condiciones inseguras causan 47.000 muertes anuales y representan un 13% del total de muertes maternas en el mundo.

Las referencias  muestran que en los países donde el aborto es legal la cifra de abortos que se hacen no es mayor que la de los países donde es ilegal, es decir, no aumentan por ser legales. La gran diferencia es que en esos países se ha reducido drásticamente la mortalidad materna. Con esto comparto absolutamente el lema: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”.

En controversia se maneja que el aborto no es correcto porque sería asesinar una vida, además de los daños psicológicos que conllevan posteriormente. Concuerdo que «La autonomía está primero y es un derecho inviolable» (argumento establecido contra la despenalización del aborto en Colombia). En cuanto a lo psicológico podría ser más simple, en otros estados donde se garantiza la pluralidad, no es el dedo de un tercero el que te juzga, si no un juez, ni se impone un pensamiento donde se las tildan como asesinas y en contra de la vida.

Es tanto el conflicto social que organismos internacionales como el internacional Human Rights Watch dio la alerta al Paraguay sobre la prevalencia del abuso sexual contra niñas paraguayas e insta a derogar leyes que criminalizan el aborto.

Si bien es cierto que legalizar el aborto tendría todo un proceso de maduración, hasta ahora nos hemos cruzado de brazos. De la solución que tanto plantean: ¿Se habla de educación sexual en la familia y a nivel escolar? Pues no, continuamos escuchándo el clásico “Mi hijo, de eso no se habla”. Este ‘tabú’ es el silencio de una imposición tácita marcada que pide a gritos un derecho de libertad para que puedan ser dueñas de sus vidas.

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