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Ana Patricia Abente Brun, la actriz que le dio a Paraguay su primer Oso de Plata de la Berlinale por su interpretación en "Las Herederas", comentó que estuvo a punto de no realizar la película debido a que temía perder los clientes de su estudio jurídico el cual es su fuente de ingresos, por ende decidió optar por utilizar el nombre de Ana Brun. El cual no suele usarlo. “Siempre fui Patricia”.


Abente Brun manifestó que hace años que no participaba en nada referente a la actuación cuando le hablaron del papel. Pero indicó que un familiar suyo había leído el guión del filme de Marcelo Martinessi y le propuso el papel.

«Con la película me entró algo, por la temática, yo no tengo ningún inconveniente pero yo tengo un estudio jurídico y una clientela en Paraguay y la gente acá es un poco cuadrada, entonces dije que si hacia la película iba a perder a todos mis clientes» .

«Yo le dije a Marcelo, no voy a hacer, no me animo. Y no era porque no quería sino que porque yo me mantengo y no puedo perder mi trabajo. Él me dijo que no podía hacerle eso porque ya habíamos filmado unas cuantas escenas» .

«A mi toda la vida me gustó la actuación. Entonces le dije a Marcelo que iba a hacer pero con otro nombre, mi primer nombre y el apellido de mi mamá. Honestamente yo jamás pensé que esta película iba a pasar la frontera, juro que jamás pensé que iba a llegar a donde llegó».

«Yo no sé cómo hice (la película), porque yo no estudié nada, no soy actriz de estudio, no tengo formación, soy puramente orgánica. Yo tengo que sentir».

En la Berlinale, la película consiguió un histórico Oso de Plata para la actriz protagonista, Ana Brun. Mientras que en los Premios Platino para lo mejor del cine Iberoamericano, Brun se llevó nuevamente el galardón a Mejor Actriz, y el equipo técnico encabezado por el director Marcelo Martinessi se llevó el galardón a Mejor Opera Prima.

Las Herederas:

Chela y Martina (Chiqui) conviven desde hace más de 30 años; son hijas y nietas de familias ricas que no han trabajado nunca gracias al dinero heredado. Pero cuando ambas llegan a los 60 se ven obligadas a vender muebles, cuadros y cristalerías para poder sobrevivir.

Una de las deudas que contraen acaba con Chiqui en la cárcel de Buen Pastor, y Chela, que no pasa por su mejor momento vital, empieza a trabajar como chófer de sus vecinas ancianas. Así conoce a la atractiva Angie, hija de una de estas mujeres.

El paraguayo, que se crió «en un mundo femenino de mamá, primas, tías y abuela, siempre con sus voces en la cabeza», ha compuesto una maravillosa película de mujeres donde la relación lésbica de dos «niñas bien» venidas a menos en su tercera edad sirve como escenario para desvelar una realidad más allá de la película.

 

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